miércoles, 12 de marzo de 2025

El imperio 'online' de Mr Wonderful: así es la pareja catalana que factura 19 millones al año

(Un texto de C. Otto en elconfidencial.com del 27 de enero de 2017.)

Empezaron publicando frases motivadoras y dibujos 'buenrolleros' en Facebook. Seis años después tienen 1.200 puntos de venta en todo el mundo.

Si tienes cuenta en Facebook te gustarán más o menos, pero seguro que los conoces. Ahí empezaron sin especiales pretensiones, como un puro divertimento, sin ningún ánimo de lucro. Seis años después se han convertido en una empresa de 150 empleados que vende en 26 países, cuenta con más de 1.200 puntos de venta en todo el mundo y tiene una facturación envidiable: 19 millones de euros en 2015 y más de 30 millones en 2016. Un cuarto de todos esos ingresos viene exclusivamente de internet y redes sociales.

Si aún no los conoces, ya va siendo hora de que lo hagas. Se trata de Mr Wonderful, una empresa catalana que ha conseguido colocar sus frases y diseños en tazas, fundas para móviles o productos infantiles y de papelería que se venden en grandes cadenas como El Corte Inglés o FNAC. Han seducido a las grandes compañías, hasta el punto de que Control sacó unos preservativos diseñados por ellos. 

Lo cierto es que la suya es una historia de casualidades, de mucho esfuerzo y, finalmente, de un éxito abrumador por el que nadie, absolutamente nadie, habría apostado en 2011. Esta es la historia de cómo Mr Wonderful pasó de colgar frases 'buenrolleras' en redes sociales a ser una compañía millonaria en apenas seis años.  

El origen: febrero de 2011 en el sofá de casa

Mr Wonderful nació como idea en el sofá de Javi Aracil y Angi Cabal, un matrimonio catalán que estaba planificando su propia boda: "Los dos somos diseñadores gráficos, pero yo trabajaba en publicidad y Angi en una empresa de diseño. Cuando estábamos preparando nuestra boda, ella se dio cuenta de que las empresas hacían muy pocas cosas, así que diseñó nuestra invitación, pero también hizo carteles, chapas, etc.", nos cuenta Javi. 

¿El resultado? La pareja triunfó entre sus invitados gracias a detalles como el de sus invitaciones... y empezó a hacer esos diseños para más gente. "Al principio, lo hacíamos en nuestro tiempo libre, compaginándolo con nuestros trabajos. Pero fuimos teniendo más demanda, nos sacaron en blogs de bodas, nos llegaron más clientes, más peticiones... Fue entonces cuando decidimos dar el salto y dedicarnos a tiempo completo". Fruto de ello nació Mr Wonderful, una empresa que por entonces se dedicaba a producir 'merchandising' para bodas y otros eventos.

Los planes de esta minúscula empresa acabarían yendo por un camino muy distinto casi por casualidad: "En el estudio íbamos haciendo encargos para clientes, pero en paralelo, en nuestra página de Facebook, íbamos subiendo viñetas, dibujos o frases motivadoras. Eso tuvo muchísima repercusión: en muy poco tiempo, se fue haciendo viral, nos iban llegando nuevos seguidores... era gente que ni conocía el estudio de diseño gráfico que teníamos, pero eran fans de nuestra marca", nos cuenta el cofundador.

Aquello fue una verdadera sorpresa para ellos: "No eran cosas que hiciéramos para clientes, sino porque nos gustaban y queríamos ir nutriendo la página, pero vimos que a la gente le encantaban estos diseños y estos mensajes. Y claro, enseguida vimos que las publicaciones cada vez tenían más 'likes', cada vez las compartía más gente... Al final, esos diseños se habían convertido en nuestra marca". Era la época en que Mr Wonderful celebraba tener 1.000 fans en Facebook (hoy tienen más de 750.000) porque no podían esperarse aquello.

El día que lo cambió todo

Como las casualidades nunca llegan solas, pronto se les presentó otra: "Ni siquiera nos habíamos planteado hacer productos con los diseños que colgábamos en redes sociales, pero un día hicimos un concurso entre nuestros seguidores. Fue una cosa muy normal, una taza con uno de nuestros diseños, pero tuvo un éxito tremendo, participaron más de 1.000 personas. La gente nos empezó a preguntar dónde podían comprar esa taza, aunque no la hubiesen ganado, y ahí fue donde nos planteamos que podríamos hacer productos no de clientes, sino los nuestros propios".

Al cabo de unos meses, Angi y Javi dejaron de hacer encargos para clientes y se lanzaron a crear sus propios productos y diseños. Y una vez más, se quedaron alucinados con la respuesta de la gente: "El primer día ya tuvimos 60 pedidos, imagínate. Fue una locura, nos pilló a contrapié. Habíamos comprado algunas cajas de cartón y unas cintas adhesivas... y desde el principio fue una avalancha".

La sorpresa era más que evidente, sobre todo teniendo en cuenta la rapidez y modestia con la que Angi y Javi habían creado su tienda 'online': "Ni siquiera la habíamos desarrollado nosotros, sino que era una plantilla de una de estas plataformas que te permiten crearte tu tienda. No teníamos desarrollo informático propio ni nada", nos reconoce.

La explosión: en El Corte Inglés y FNAC

A raíz de este repentino éxito, a Mr Wonderful le salieron proveedores por todas partes y enseguida empezaron a aparecer tiendas que querían vender sus productos: "Al principio era una red de tiendas pequeñas (de regalos, papelerías...), pero eran muchas, les encantaban nuestros productos y se vendían muy bien, así que fuimos creciendo muy rápido", nos cuenta Javi.

Y tan rápido crecieron... que no tardaron en llegar las grandes compañías, las empresas con mayúsculas. Basten tres ejemplos: los productos de Mr Wonderful se venden en El Corte Inglés, en FNAC y en Natura. Y a día de hoy, este pequeño proyecto emprendedor de Angi y Javi se ha convertido en una compañía que lanza productos específicos para grandes como Nocilla, Lays, Inditex, Control o Cordorniú, entre otras.

A día de hoy, tienen 1.200 puntos de venta, 150 empleados y venden en 26 países

"Este fue nuestro salto grande", nos cuenta Javi recordando los primeros acuerdos con grandes compañías. "Ahí fue cuando empezamos a escalar el negocio. Porque hasta entonces teníamos una poca gente contratada, pero a partir de ahí la cosa creció: ya no solo empezamos a contratar a gente en la parte de logística, sino en todos los ámbitos de la empresa: atención al cliente, gestión comercial, administración... fue cuando pasamos de empresa pequeña a crecer bastante más".

De hecho, las cifras actuales asombran: a día de hoy, Mr Wonderful cuenta con 1.200 puntos físicos de venta (además de su propia web). Además, vende sus productos en 26 países y cuenta con cerca de 150 empleados entre su oficina de Barcelona y los almacenes cercanos.

19 millones facturados en 2015... y 30 en 2016

La mejor muestra del éxito de Mr Wonderful son sus propias cifras de negocio, que demuestran que lo que pretendía ser un pequeño negocio de una pareja catalana ha acabado siendo una empresa con proyección internacional.

Los números son claros: según las cuentas presentadas ante el Registro Mercantil, Mr Wonderful facturó nada menos que 19,06 millones de euros en 2015. Y no fue a costa de endeudarse, precisamente, ya que sus cuentas obtuvieron un beneficio de 4,23 millones.

Las cifras de Mr Wonderful

Pero la cosa incluso podría haber mejorado mucho más, según nos cuenta Javi Aracil: "En 2016, hemos subido mucho más. Al cierre de diciembre, habíamos facturado más de 30 millones de euros en todo el año".

De cara a este 2017, los objetivos parecen claros: "Ahora mismo, estamos exportando nuestro modelo al extranjero. Los países en los que mejor estamos son España, Francia, Portugal e Italia, y estamos creando equipos de personas para cada zona. El objetivo es seguir creciendo y llevando nuestro modelo a más países".

El éxito de Mr Wonderful es tal que, de hecho, hasta les ha salido una parodia. Se trata de Mr Wonderfuck, una página de Facebook que trolea a Mr Wonderful con su misma estética y que Javi Aracil se toma con filosofía: "Todas las grandes empresas tienen parodias de este tipo. Eso es que lo hemos hecho bien".

En cualquier caso, la historia de Mr Wonderful parece poco menos que increíble incluso para sus propios protagonistas: "Todo esto es una locura, no podíamos imaginárnoslo cuando empezamos. Si montas un negocio pensando en llegar hasta aquí, no llegas ni de broma. Nosotros empezamos esto sin ponernos un objetivo, simplemente por la ilusión de hacerlo bien; pero claro, si encima te sale un crecimiento tan bestia, pues ya es redondo. En esta empresa han pasado muchas cosas: algunas están muy pensadas y son pura estrategia, pero otras han salido totalmente de casualidad".

De hecho, "si esta entrevista me la hubieses hecho hace cinco años, me habría visto incapaz de predecir esto", nos reconoce Javi. "En su momento flipamos... y a día de hoy seguimos flipando".

Mientras siguen flipando, si todo sale bien, Mr Wonderful seguirá ampliando su catálogo, sus puntos de venta, sus países de expansión y sus cifras de negocio. Por el camino, seguramente se acuerden de cómo unas frases y unos inocentes diseños publicados en Facebook acabaron siendo los cimientos del imperio que tienen a día de hoy. Un imperio que nació en 2011 en un sofá.

 


 

lunes, 17 de febrero de 2025

Cuando emprender te arruina la vida: "Me desahuciaron y no tenía ni para un bocadillo"

(Un texto de C. Otto en elconfidencial.com del 17 de abril de 2017. Y es que conviene recordar que el emprendimiento no es para todo el mundo.)

¿Qué pasa cuando un emprendedor fracasa y se enfrenta a las deudas, a Hacienda y a su propia angustia? Estos cuatro nos cuentan su experiencia: no se la desean ni a su mayor enemigo.

Cuando llegó la crisis, en España empezó a instaurarse la filosofía del discurso emprendedor, que en los últimos años nos ha traído un vaivén de altas y bajas en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). Este discurso se nutre de frases como 'Si quieres, puedes', 'Sal de tu zona de confort', 'Persigue tus sueños' o 'El único fracaso es no intentarlo'. Sin embargo, de poco sirven estas frases en la vida real cuando tu proyecto fracasa y debes afrontar las consecuencias. 

La narrativa emprendedora suele estar incompleta. Los emprendedores que triunfan cuentan los ingredientes de su éxito allá donde van, pero los que fracasan suelen dar el silencio por respuesta. ¿Qué pasa cuando una persona fracasa con su proyecto y se enfrenta a las deudas, a los proveedores, a Hacienda o incluso a la pérdida de su casa? Lo que sigue son cuatro historias de emprendedores que fracasaron en su aventura y tuvieron que abordar una situación que no desearían ni a su mayor enemigo.

1) "Me desahuciaron y sigo endeudado"

Antonio [nombre modificado], que prefiere mantenerse anónimo por el motivo que conoceremos al final de esta historia, es un (ex)periodista albaceteño de 44 años que en su momento trabajó en dos gabinetes de prensa y en una agencia de comunicación. Su aventura emprendedora comenzó en febrero de 2012, cuando la agencia en la que trabajaba cerró y dos de los clientes le pidieron seguir llevándoles la comunicación 'online' por algo más de 1.000 euros mensuales, con lo que no necesitaba inversión inicial. Dicho y hecho: se dio de alta como autónomo y empezó a trabajar para ellos.

Tardó poco en aumentar el volumen de clientes: "A finales de 2012, ya facturaba lo suficiente y monté la empresa". Apenas un año después, a finales de 2013, Antonio tenía 12 clientes y cuatro empleados en su firma, que era rentable y no tenía un euro de deuda. Pero un cliente 'distraído' encendió la mecha: "A mediados de 2013 nos hizo un encargo de más de 200.000 euros, hasta teníamos que contratar a tres personas nuevas. Yo tenía muchas dudas, así que firmamos un contrato con un calendario de pagos y los intereses en caso de que se retrasasen".

Pero todo salió mal: "Era un proyecto de un año, y a los nueve meses nos dijeron que se cancelaba todo y cerraban la empresa, y solo nos habían pagado 36.000 euros". De la noche a la mañana, entre los encargos sin pagar, las nóminas y los despidos que tenía que afrontar, Antonio se encontró con una deuda cercana a los 250.000 euros.

Fue entonces cuando todo se vino abajo: "Era una deuda inasumible, me pongo nervioso solo de recordarlo. Pedí dinero a varios familiares para despedir a toda la plantilla y poder pagar sus indemnizaciones. Ese fue el comienzo del infierno: "No solo tenía que seguir con mi trabajo, sino aumentar la facturación para poder pagar deudas. Debía dinero al banco, a Hacienda, a algunos exempleados y a un par de proveedores pequeños a los que no podía dejar con el pufo. Tenía un sueldo normalísimo, 1.600 euros mensuales, pero me lo quité para ir pagando. Con 41 años recién cumplidos, puse en venta el piso con el que estaba hipotecado, me fui a casa de mis padres y empecé a trabajar 16 o 17 horas diarias".

"Lo peor no era la carga del trabajo", asegura, "sino la ansiedad. Raro era el día que conseguía dormir más de tres o cuatro horas; estaba agotado, pero con una ansiedad que no le deseo ni a mi mayor enemigo. Era imposible estar bien emocionalmente, pero tenía que trabajar y salir a vender. Recuerdo haber ido a reuniones habiendo dormido una o dos horas, era insoportable". 

Cualquier gasto suponía una millonada: "Cuando tenía que estar todo el día en reuniones, iba con tres o cuatro euros como mucho. A mediodía me iba a Mercadona a comprar algo por uno o dos euros o cogía un bocadillo en un bar. Un día me surgió una reunión improvisada en una cafetería y tuve que elegir entre invitar al cliente al café o comer yo ese día. Ya te imaginas lo que hice... Lo de no comer a mediodía se convirtió en costumbre: si salía de casa a las ocho de la mañana, no volvía a comer nada hasta que volvía por la tarde-noche porque no tenía un duro, es que no tenía ni para un bocadillo...".  

En 2015, Antonio sufrió el mayor palo de todos: "Le dije sinceramente al banco que no podía pagar mi hipoteca. Desde mediados de 2014 no había podido pagar ni un solo mes y con la deuda empresarial que tenía no veía forma de poder hacerlo. El banco me apretó y yo estaba hecho polvo, así que casi no puse ni resistencia. En mayo me habían quitado el piso".

Antonio siguió trabajando y sufrió hasta dos embargos de su cuenta bancaria por parte de Hacienda. Empezó a trabajar de camarero los fines de semana y a finales de 2016 se trasladó a Madrid para trabajar de recepcionista en un hotel: "Para que mis jefes no se enterasen del embargo de Hacienda, volví a pedir dinero para pagar esa deuda. Ahora vivo en un piso compartido, trabajo ocho horas en el hotel y en cuanto puedo sigo haciendo encargos para clientes. Tengo 44 años, tú me dirás si esto es vida. Yo soñaba con formar una familia, pero ya me puedo ir olvidando".

Por suerte, su actual jefe le ha echado un cable: "Desde el principio nos llevamos muy bien, así que un día se lo conté. Se ha portado genial conmigo: me adelantó dos meses de sueldo, y, cuando tenemos poco trabajo, me dice que me vaya a casa o me deja trabajar en el hotel. Los que no saben nada de esto son mis clientes: si me sacas en el reportaje, por favor, no pongas mi nombre real".

A día de hoy, Antonio sigue trabajando entre 16 y 17 horas diarias. En su ordenador tiene la misma hoja de Excel con las deudas que aún mantiene y las que, por suerte, va liquidando: "Todavía debo algo menos de 100.000 euros. Si todo va bien, me los habré quitado de encima a finales de 2019 o principios de 2020".

2) 11 años para una deuda de seis cifras

En 2001, el emprendedor Javier Echaleku abandonó su trabajo en Inditex y montó por su cuenta una empresa de diseño y producción de calzado. Al principio no le fue mal, precisamente: "En esos años, llegamos a facturar más de cuatro millones de euros, pero a los cuatro años nos pegamos un trompazo de tres pares de narices". Tras la quiebra técnica, "cada socio asumió una parte de deuda, la mía era de seis cifras".

Javier tenía dos opciones: "O intentaba afrontar la deuda personal o abandonaba, que era lo que muchos me recomendaban. Abandonar implicaba cerrar la empresa, declararme insolvente, dejar de existir para los bancos y asumir que nunca más tendría nada en propiedad. Algunos incluso me recomendaban irme del país, ya que en cuanto tuviese trabajo me embargarían la nómina". Optó por lo primero: durante (demasiados) años, diseñó una hoja de Excel con todas las deudas. Se buscó un trabajo por cuenta ajena, se sumergió en la austeridad más absoluta y, muy poco a poco, empezó a ir tachando deudas a medida que las iba liquidando.

Pero la cosa tenía que acelerar: "Con un sueldo no podría asumir todos los pagos, necesitaba más dinero", así que en 2008 montó Kuombo, la empresa que nueve años después les da de comer a él y a sus cerca de 15 empleados. "No ha sido un camino fácil", reconoce. "Hemos estado a punto de cerrar tres veces. Hay veces que te planteas tirar todo por la borda y abandonar". El infierno de Javier acabó el pasado 30 de marzo: "Ese día pagué el último recibo del último préstamo del último banco. Ahora sí: ya soy totalmente libre". La recomposición le ha llevado nada menos que 11 años.

3) Embargada, endeudada y parada

Rocío también nos pide que ocultemos su nombre real. Esta arquitecta de 31 años decidió lanzarse a la aventura empresarial en 2014, tras haber trabajado de manera precaria para tres estudios de arquitectura. En su caso, contaba con una dificultad añadida: "En el primero estuve siete meses como falsa autónoma, así que cuando emprendí ya no tenía tarifa reducida, pagaba 264 euros al mes de cuota".

Su posición, asegura, nunca fue demasiado buena: "Salía a vender mucho, pero pillé una época en la que no salían demasiados proyectos. Tuve un cliente bueno al que hice un encargo de 12.000 euros, pero lo demás eran cosas muy pequeñas". Pese a todo, intentaba ser constante: "Había calculado ser rentable a partir del primer año, así que el banco me dio un préstamo de 10.000 euros para ir tirando". Pero se equivocó: "No remontó para nada. No paraba de trabajar, así que no tenía tiempo de salir a vender. Lo intenté con un comercial externo, pero en la arquitectura tienes que salir tú a vender, no mandar a otro, y yo no tenía casi tiempo".

La parada de la actividad le llegó a finales de 2015: "Hacienda me embargó la cuenta y avisó por carta a tres de mis clientes, así que mi imagen profesional cayó bastante. Acabé esos proyectos, pero ya no me encargaron más. Decidí que eso era insostenible: no tenía ingresos, no podía seguir endeudándome, ningún familiar podía dejarme dinero y estaba totalmente deprimida", reconoce.

A día de hoy, la situación de Rocío es más que precaria: "Sigo con la cuenta embargada por Hacienda y al banco aún le debo 4.000 y pico euros. Además, estoy en paro". Le preguntamos cuándo (cree que) podrá quedar libre de deudas: "No tengo ni idea. Solo de pensarlo me pongo a temblar. Me apunto a todas las ofertas de Infojobs, LinkedIn y demás, pero vete a saber. Estoy desesperada".

4) "Rehipotequé mi casa para no cerrar"

Juan Luis Polo es un emprendedor conocido en el sector digital español gracias al éxito de su empresa, Good Rebels (antes llamada Territorio Creativo), pero no siempre fue así: en este tiempo, se enfrentó a un casi inevitable cierre, al rehipotecado de una casa y a una depresión por parte del propio emprendedor. Territorio Creativo nació en 1997 y a mediados de 2001 tenía cerca de 30 empleados. Sin embargo, entre 2001 y 2002, las empresas 'puntocom' cayeron en picado y con ellas se llevaron casi todos sus proyectos.

"Ahí nos dimos con la famosa ley de Pareto: el 80% de lo que facturábamos venía del 20% de clientes, y la mayoría cerraron", nos cuenta. "Estuvimos un tiempo aguantando el tirón gracias a préstamos familiares, de bancos... pero a los ocho meses estábamos prácticamente quebrados. Solo pudimos reunir dinero para despedir a la gente. El agujero tenía nombre y apellidos: 240.000 euros".

Sin financiación y rozando el concurso de acreedores, Juan Luis y su mujer tuvieron que tomar una decisión: "Acabábamos de pagar la hipoteca de la casa en la que vivíamos con nuestros hijos, así que la rehipotecamos y la añadimos al capital social de la empresa para empezar a pagar las deudas y recuperarnos. Lo pasé muy mal y se lo hice pasar muy mal a mi familia. Todo esto te genera un nerviosismo que te supera. Lo que más me quitaba el sueño era volver a tener ganas de salir adelante y hacer crecer la compañía".

Por suerte, la cosa pudo remontar: "Reorientamos toda nuestra estrategia, nos pusimos a vender como locos (cosa que no habíamos hecho antes) y allá por 2005 teníamos la empresa aún con deudas, pero ya encaminada". Sin embargo, en 2009 la empresa tuvo un retraso puntual en el pago de nóminas, lo que desembocó en una crisis reputacional y en que a Juan Luis le diagnosticaran una depresión. Por suerte, el apoyo psicológico y familiar (especialmente de su mujer, a la que llegó a dedicar un artículo en su blog) hizo que superase el bache. Con el tiempo, la compañía siguió yendo para arriba: "A partir de 2010 pegamos un subidón y lo hemos mantenido hasta ahora. Pero las deudas seguían ahí: algunas las terminamos de pagar cuando crecimos definitivamente".

A día de hoy, por suerte para todos, Good Rebels está en su mejor momento: tiene cerca de 130 empleados, está presente en cinco países, en 2016 facturó 7,5 millones de euros (frente a los 300.000 de 2009) y, lo mejor de todo, la cosa no hace más que seguir creciendo.

¿Ha ido muy lejos el discurso emprendedor?

Al conocer estas situaciones nos surge una pregunta: ¿nos hemos pasado en España con el discurso emprendedor? ¿Hemos pecado de optimismo? ¿Hemos lanzado a muchos jóvenes a emprender sin ofrecerles la otra cara de la moneda? ¿Se ha obsesionado alguien con que los parados salgan urgentemente de las listas del INEM, pasen a engrosar la lista de autónomos y se arriesguen a un posible fracaso cuyas consecuencias casi nunca salen en prensa?

Antonio lo tiene claro: "Nos hemos pasado tres pueblos. Y no lo digo por mí, que ya tenía una edad para saber a qué me enfrentaba, sino por la gente joven. Hay chavales que trabajan como precarios, que están en paro o que incluso no han trabajado en su vida. Los políticos no quieren verlos en las listas del paro, así que los han lanzado a emprender de manera suicida. Y si les va mal, no pasa nada: cuando ellos se den de baja como autónomos, otros se darán de alta".

Rocío incide en esta postura: "No puedo culpar a nadie de mi situación, ya soy mayorcita, pero está claro que solo nos han vendido lo bueno. Nos sueltan un rollazo de que emprender es maravilloso, de que tenemos que perseguir nuestros sueños... Es una chorrada. Para mí ser emprendedora no era conseguir ningún sueño, era trabajar y punto. Cada vez que veo a alguien con ese discurso, le cuento mi experiencia. No para desanimarle, sino para que al menos tenga la historia completa".

Para Juan Luis Polo, la clave está en el término medio: "Hemos pasado de ser un país con poco discurso emprendedor a uno en el que te anima a emprender gente que no ha montado una empresa en su vida". Además, él y Echaleku coinciden en un punto: "Hay que aprender a vender. Que seas muy bueno haciendo algo no quiere decir que te vaya a ir bien emprendiendo. Si quieres que te salga bien un negocio, tienes que vender, vender y vender".

En cualquier caso, parece evidente que el relato emprendedor está incompleto. A menudo nos llenamos de discursos llenos de éxitos, ventas millonarias, inversiones mastodónticas y satisfacción personal, pero queda la otra cara de la moneda: cuando un emprendedor fracasa y tiene que asumir el infierno que se le viene encima. Una cara que es mucho más frecuente... y que es dura de narices.

miércoles, 15 de enero de 2025

Sri Lanka, la fábrica de papel de boñigas de elefante

(Un texto de Laura Fornell en elpais.com del 7 de mayo de 2017)

Agricultores y paquidermos viven en este país en eterno conflicto por la tierra. Una familia de impresores tuvo una idea conciliadora, revolucionaria, inédita y ecológica: elaborar papel con sus excrementos.

Cada vez más personas practican un estilo de vida ecológico o amigable con el medio ambiente, adoptando hábitos para generar el menor impacto posible en él, tanto en la generación de residuos como en la forma de consumir. Y cada vez son más las empresas que se suman a este movimiento, poniendo en el mercado productos ecológicos, que generan el mínimo daño ambiental durante su elaboración y en los que usan ingredientes de origen natural o materiales reciclados. Pero pocas en el mundo como la de Thusitha Ranasinghe.

Nacido en el seno de una familia de impresores de Sri Lanka, que durante tres generaciones había comercializado papel de distintas partes del mundo, Ranasinghe tuvo una brillante idea hace ya 23 años: producir papel utilizando como materia prima las boñigas de elefante, pues estas contienen gran cantidad de fibras. Con esta iniciativa, aparte de crear un producto ecológico, consiguió también tender un puente en el eterno conflicto en este país entre agricultores y paquidermos por la tierra, dando empleo a los habitantes de las zonas rurales e intentando cambiar la percepción que tienen de estos animales como una amenaza.

Aunque en un primer momento todos sus allegados vieron la idea como algo descabellado, en 1997 nació en esta pequeña isla del océano Índico Maximus Ltd., una empresa con siete trabajadores y una pequeña fábrica en Kegalle. Hoy, da trabajo a más de 120 personas, con dos sedes más pequeñas en Kandalama y Rangirigama, además de muchas tiendas repartidas por todo el país. Y aunque la central se ha trasladado a la capital, Colombo, su fábrica principal sigue estando en Kegalle, con más de 70 trabajadores.

En esta fábrica, en un pequeño despacho con paredes de cristal, una mesa llena de muestras de papel con diferentes texturas y alguna que otra bolsa de papel reciclado, el gerente Wibatha Wijerathne explica con detalle el proceso de elaboración artesanal del papel ecológico. “No utilizamos químicos”, es lo que primero resalta. “Solo productos y colorantes naturales para teñir el papel”. Wibatha, que empezó a trabajar en Maximus Ltd. en 2004, apunta orgulloso que Thusitha fue "el pionero en utilizar los excrementos de los paquidermos para hacer papel reciclado. Tenemos la patente registrada que lo demuestra", asegura.

“La mayor parte de la producción actual es papel confeccionado con una mezcla al 50% de excremento y de papel reciclado. Solo un tercio es papel hecho al 100% con ellos, ya que el producto resultante es muy basto y áspero al contener muchas más fibras y sólo se puede utilizar para diseños de cajas o marcos de fotos; por su textura es difícil escribir en él”, aclara Wibatha. “Con la mezcla de papel reciclado y excrementos, en cambio, se consigue un producto más fino, ideal para las libretas y los cuadernos, que es el más solicitado”, añade mientras pasa sus dedos por una hoja del muestrario que tiene encima de la mesa.

Todo el proceso empieza, en realidad, con el mal sistema digestivo de los elefantes. Son animales herbívoros que consumen una dieta altamente fibrosa, pero su sistema digestivo es algo ineficiente. Esto hace que no digierna ni descompongan completamente todas las fibras que comen, lo que resulta en una cantidad significativa de fibras intactas al defecar: una materia prima perfecta para la producción de papel.

Las boñigas de las que se nutre la fábrica de Kegalle provienen de la Millennium Elephant Foundation, una organización no gubernamental que se dedica a mejorar el bienestar de los elefantes domésticos y que se ubica puerta con puerta con la empresa de Thusitha. Los voluntarios de la Fundación transportan a diario cuatro carretillas repletas de materia prima a sus vecinos, y a partir de ahí arranca la elaboración del papel. “Maximus no paga el suministro, pero a cambio ofrece una contribución a la Fundación para apoyar el mantenimiento de los elefantes”, explica Wibatha.

Tras secar los excrementos al sol, hervirlos durante unas horas hasta alcanzar una temperatura de 130 grados con la que se consigue matar todas las bacterias y suavizar las fibras haciéndolas más flexibles, se obtiene una pulpa con una textura parecida a la que puede tener una pasta de avena. A continuación, se mezcla la masa obtenida junto con el papel reciclado, y, si es el caso, se añade el colorante natural.

“Con los elefantes de Millennium Elephant Foundation tenemos más que suficiente para la producción actual”, explica Senerath Bandara. Tiene 45 años y lleva trabajando en la empresa desde sus inicios, hace ya 23 años. “Después de haber pasado por todos los puestos en la sección de fabricación del papel, ahora soy el supervisor de la sección, responsable de todos los pasos para su elaboración, desde el secado al sol inicial hasta el momento en que se deja el papel secar a la sombra”, comenta orgulloso mientras controla las mezclas.

Una vez se obtiene la masa mezclada ya se pueden fabricar los pliegos, y lo hacen siguiendo un método artesanal que no ha cambiado mucho desde la invención del papel en China en el año 105 d.C. Se vierte la mezcla en un fregadero grande lleno de agua donde hay un marco con una rejilla sumergida y se extiende la masa de manera uniforme en toda la superficie de la pantalla enmarcada. Se levanta la pantalla del recipiente con una fina capa de la mezcla, se coloca una tela para que no se peguen las hojas entre sí y se van apilando hasta que las pasan por una prensa para escurrir el agua. Después se dejan secar a la sombra.

“Una vez están secas se alisan y con eso termina el proceso de elaboración”, comenta A. Malini, de 50 años, trabajadora en Maximus Ltd. desde que su origen. “Comencé en la sección de elaboración, pero tras 23 años he pasado por todas las áreas”, dice entre risas atenta al planchado de hojas. “Hoy soy la responsable del producto final y superviso todas las etapas desde el alisado, al corte y el acabado final según las peticiones del cliente”.

Al final de la cadena empieza un minucioso proceso, el de la manufacturación del papel. Más de 30 personas trabajan en cadena en esta fase en la que todo se hace a mano: unos cortan, otros crean pequeños detalles con moldes, otros pegan, otros juntan las piezas, otros pintan. “Cada producto final, ya sea tarjetas de felicitación, cuadernos, blocs de notas, cajas, libretas, libros, papelería corporativa, tarjetas de visita, menús de restaurantes o marcos de fotos es único, ya que está hecho a mano”, dice satisfecho Wibhata.

Sanjara Kumara se encuentra en el almacén, rodeado de cajas grandes de cartón, preparando un envío de marcos de fotos para un cliente de Japón, en Hiroshima. “Nuestro principal comprador es Estados Unidos, a quien enviamos tres contenedores con unos 30.000 productos cada tres meses”, cuenta Sanjara. “Japón fue el primero, pero ya no adquiere tanto”, se lamenta. “De Europa cada vez tenemos más pedidos, actualmente enviamos unos tres contenedores al año a Italia”. Sanjara tiene 40 años, es el supervisor de la sección de embalajes y uno de los tres trabajadores que han pasado por todas las áreas de fabricación artesanal del papel.

Actualmente la empresa acaba de ampliar el negocio y ha habilitado una planta de reciclaje de tetrapack, siguiendo con su filosofía de negocio eco-friendly, que empezó a producir en abril. “La idea es producir bolsas de papel para extender su uso y retirar las de plástico”, dice Wibhata. Con el papel a base de excrementos de elefante no pueden hacerlas, ya que el material se rompe fácilmente. “Seguimos apostando por la conservación de nuestro entorno y trabajaremos siempre en esa línea, aunque no recibamos ninguna ayuda por parte del Gobierno”, se queja Wibhata. “Desgraciadamente, en estos tiempos no está preocupado por el medio ambiente”.
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