miércoles, 17 de junio de 2026

Esta es la Carmencita que usted ve en los botes de especias de su cocina

(Un texto de Belén Picornell en El Mundo del 13 de mayo de 2023)

A Carmen Navarro Valero no le gustaba salir de Novelda. Uno de sus nietos y herederos de la empresa cuenta el día en que lo hizo. "Un foco la alumbró y alguien dijo 'Aquí está Carmencita'...".

No se huele con la nariz, se huele con el cerebro. El olor es la forma más inmediata de viajar en el tiempo. Y este negocio se basa precisamente en eso: la nostalgia. Las especias de Carmencita trasladan a una imagen nítida, "a una madre cocinando".

Este año celebran 100 en el mercado y su iconografía se ha mantenido intacta.

El viaje empieza con Carmencita: una niña, con un sombrero cordobés y un mantón de Manila, que un día fue fotografiada por su padre y fundador de la empresa, Jesús Navarro Jover. El negocio llevaba tres años en funcionamiento -comenzó en 1923- pero se vendía en sobrecitos de papel, blancos; ni una palabra ni una imagen, nada. "Pensó que se venderían mejor si tenían algo impreso así que decidió fotografiar a su hija mayor, Carmen, con un sombrero cordobés para darle el toque andaluz -vendía mucho en Jaén- y un mantón que tendría por ahí mi abuela", explica uno de los nietos del que fundó la empresa, Jesús Navarro Alberola.

Hoy es el director general de la casa de los olores. Comparte la empresa, a partes iguales, con sus primos Jesús Navarro Navarro, presidente, y Francisco Escolano, director comercial. Son líderes. En 2022 sus ventas llegaron a los 88 millones de euros. Y la clave está en seguir anclados a este olor. El azafrán, las natillas, la familia... la imagen de su tía Carmencita.

Carmen Navarro Valero era una mujer representativa de la época que vivía en Novelda, Alicante. "La recuerdo humilde y religiosa. Cocinaba con mi abuela porque vivían juntas y siempre vestía de negro". Se han vendido con su cara millones de sobrecitos, de latas y de botes. Y ella nunca fue consciente de su importancia hasta que en el año 1992 Jesús consiguió convencerla para que le acompañara a una Convención Nacional. "De repente, un foco la alumbró y alguien dijo 'Aquí está Carmencita'... Fue increíble: la gente llorando, saludándola como si fuera la Virgen. Esa noche mi tía fue una estrella, como llevar a King Kong", bromea Navarro Alberola. Fue la primera y última vez que el sobrino de la imagen milenaria de la marca vio a su tía disfrutando del reconocimiento de vivir en el hogar de millones de desconocidos.

- ¿A ella le habría gustado?

- Conociéndola... Se habría enfadado, no le gustaba ser protagonista.

Ella quería "estar con su gente" pero fue inevitable: 100 años después su cara sigue reproduciéndose, más allá de la fábrica.

Sin intercambio económico. Ni por marketing, por amor al arte. Un día Navarro Alberola descubrió que había un artista en Jávea que pintaba cuadros con la cara de Carmen Navarro. "Nos enteramos porque vimos un cuadro suyo por Jávea, nos hizo mucha ilusión". Ximo Canet pinta siempre con especias y les explicó su filia con esta mujer de Novelda: "Nos contó que empezó a dibujar en la cocina con su madre y al ver los frascos, la dibujaba. Desde entonces se obsesionó".

No es el único. Carmen también puede aparecer en cualquier puesto de discos del Rastro: "Descubrí un LP de un grupo de rock alemán de los '70 con Carmencita en su portada, en tono azul", el disco se llama Girls I love del grupo Hong Kong Syndikat y se vende en la página de música, Labyrinth Music, por seis euros. Todo lo que ven estos primos con la cara de su tía lo compran. "Nos gusta tenerlo, pero tiene su parte negativa... Nos venimos arriba, compramos muchas unidades y empieza a subir: el otro día vi una lata de los años '40 que se vendía por 3.000 euros". Esta no la compró, aunque ahora quieren celebrarlo todo.

Ya no piensan en mantenerse, los números de Carmencita en España son inigualables. Tienen Tienen el 60% de la venta de especias a nivel nacional y en septiembre inauguran su próxima fábrica en Novelda, de 40 mil metros. Con más de 700 referencias disponen de un almacén de seis mil metros con especias de todo el mundo. Este nuevo gigante para la empresa tiene 33.000 metros cuadrados y está en el polígono de Novelda que llamado El Fondonet. No se irían nunca de este pueblo del interior de Alicante por nada del mundo, "sería una traición", reflexiona Navarro Alberola. La historia de esta empresa es paralela a la historia de España, "hemos crecido y nos hemos hundido juntos", confiesa.

Paradójicamente, cuando un gran porcentaje de la población perdía el gusto y el olfato por el covid, fue cuando más vendieron. Facturaron 93 millones en el primer año de la pandemia. Pero lo que realmente impulsa a esta generación es la memoria de su abuelo. "Empezó a leer y a escribir a los 20 años pero su ilusión era crear su propia empresa y una vez lo hizo, quiso crear un colegio en Novelda". Lo consiguió: el colegio público Jesús Navarro Jovel, para el que este empresario cedió su terreno, se inauguró en el año 1978. "Él no pudo estudiar y quería que el resto pudiera hacerlo", 45 años después su nieto se emociona contándolo. "Era increíble: en 1950 compró 10 máquinas sustituían el trabajo de 100 personas y para no despedir a nadie empezó a hacer tarritos de canela y pimienta". Y diversificaron su producción.

Cada generación imprime su personalidad. Para el director general de Carmencita Francisco Escolano es canela, "parece duro pero es el más cariñoso". Jesús Navarro Navarro, "es orégano" porque es el más serio, ha estudiado ingeniería, nada que ver con el creativo de Jesús Navarro Alberola que se define a sí mismo como "pimienta", por bala perdida. Odia el curry: "Si comes curry y sudas, hasta el sudor te huele a curry... Es demasiado".

El director general de Carmencita sueña con poder hacer realidad el viaje en el tiempo, para volver a su abuelo: "Daría todo por estar junto a él, en esos primeros trenes a Jaén..." y ver cómo iniciaba todo de la nada.

jueves, 14 de mayo de 2026

Los seis enemigos de los gigantes de Silicon Valley

(Leído en un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSemanal del 27 de noviembre de 2022)

Han perdido prestigio y credibilidad

Hace cinco años caían simpáticos. Nos hacían la vida más fácil. Pero el descrédito de los líderes de Silicon Valley se ha ido extendiendo conforme se desveló cómo sus algoritmos estaban diseñados para convertir a los usuarios en adictos desde la cuna y cómo violaban la privacidad le los usuarios, vendiendo los datos a terceros. El filósofo Tristan Harris los comparó con tabacaleras. Y la economista Shoshana Zuboff documentó “un golpe de estado contra la humanidad”.

La amenaza de la ley anti monopolio y las multas en Europa

Las leyes antimonopolio que rigen en Estados Unidos no han podido evitar que decenas se convirtieran en 'decacornios' (10.000 millones) y los tres más grandes superen el billón, pero ‘ensombrecen' su crecimiento. Mientras Estados Unidos todavía debate si elaborar una nueva ley antimonopolio, Europa ya ha aprobado la suya y ha empezado a imponerles grandes multas por abuso de la competencia.

El cambio generacional

Bezos, Musk, Page, Zuckerberg... apenas tenían los 20 años cuando empezaron a revolucionar el mundo en sus respectivos garajes. Hoy rondan la cuarentena y la cincuentena. «La burbuja ha estallado», sentenció Financial Times tras conocerse los despidos de Meta y Twitter. Zuckerberg pidió perdón a sus ingenieros: «Os he fallado». Su metaverso no conecta con los jóvenes. Musk se endeuda para comprar Twitter, pero también es una red 'viejuna'. Los chavales prefieren chatear en las salas de Fortnite mientras completan misiones.

La falta de chips y la ley de Moore

La escasez de suministros paralizó los nuevos lanzamientos. Faltan microchips y que la fábrica más importante esté ubicada en Taiwán, amenazado por China, complica la situación geopolítica y retiene a los inversores. Además, la ley de Moore está llegando a su límite: la miniaturización de los transistores (su tamaño ya es de unos pocos átomos) permitía cada vez más velocidad de procesamiento en menos espacio, lo que durante cincuenta años garantizó el progreso. Pero ya no da más de sí...

La inflación y la subida de tipos

La pandemia supuso un parón para casi todos, menos para las tecnológicas. Las plantillas aumentaron porque el comercio, el ocio y el trabajo se hacían on-line. Además, los gobiernos liberaron grandes paquetes de ayudas y créditos que engrasaron las cuentas de resultado. Ahora, la inflación y las subidas de tipos han obligado a cerrar el grifo.

La gran tecnomuralla china

«Cuando tienes 3000 millones de usuarios, ¿qué espacio te queda para crecer? Esa es la fortaleza y la debilidad de Facebook», señala Clément Mihailescu. La salida natural sería China, pero el país asiático ha conseguido una doble victoria: por un lado, cerrar la puerta a las aplicaciones digitales estadounidenses: por otro, se ha infiltrado en Estados Unidos (y en el resto del mundo) gracias al éxito de TikTok.

jueves, 16 de abril de 2026

Tiempo de cucarachas en Silicon Valley

(Un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSemanal del 27 de noviembre de 2022)

En lo que va de año, las grandes tecnológicas han despedido a 121.000 empleados. Este dato indica no solo una crisis del sector, también un cambio de ciclo. Se acabó el tiempo de los unicornios, empresas valoradas en más de 1000 millones de dólares. Es la hora de las cucarachas...

La crisis se cuenta en bajas. Silicon Valley está despidiendo a miles de trabajadores. Primero, Twitter y, luego, Meta (Facebook), pero la lista es larguísima. Y hay de todo. Gigantes como Microsoft, Google, Amazon... También unicornios, esto es, compañías privadas que han sobrepasado el umbral mítico de los 1000 millones de dólares de valoración, pero que aspiran a ser gigantes, como Stripe, Salesforce, Snap, Lyft... Y start-ups, empresas emergentes, pero que aspiran a ser unicornios. El portal Layoffs lleva contabilizados más de 121.000 despidos en 789 empresas del sector durante 2022. Y no están mandando a recoger sus cosas a unos cualesquiera. Estamos hablando de ingenieros y programadores que son la crema de las universidades. Como recuerda el gurú Steven Leavy en Wired, antes de ser contratados, a menudo, «soportaron semanas de entrevistas, exámenes y un escrutinio a nivel CIA de su pasado. ¿Cómo es que sacaste solo un aprobado en aquella asignatura?».

De repente, cunde el pánico en la meca del optimismo sin límites. Allí, donde hace muy poco prometían resolver todos los problemas del mundo, se preguntan qué está pasando.

¿La burbuja tecnológica por fin ha estallado? ¿O es una corrección del mercado después de los años de pandemia, que para las tecnológicas fueron tiempos de vino y rosas? Hay quien señala como responsable al cóctel de inflación, problemas de suministros y contracción de la economía, todo bien agitado, con la guinda envenenada del final de la ley de Moore, aquella que garantizaba la aparición de una nueva hornada de microchips y smartphones aún más potentes cada dos años. Y también hay quien proclama que es un castigo a unos líderes desacreditados, Mark Zuckerberg y Elon Musk a la cabeza, que se creían semidioses y se han topado con la realidad: las nuevas generaciones, esos nativos digitales que ellos hicieron adictos a sus aplicaciones, pasan del metaverso y del pajarito.

¿Qué depara el futuro? Lo más interesante es escuchar a un gremio que suele estar callado y a lo suyo. El de los inversores. Silicon Valley no sería lo que es sin el capital riesgo. Son los que aflojan los dólares que sostienen a las empresas tecnológicas hasta que ganan dinero... Y el capital ha dictado sentencia. Es oficial: la era de los unicornios ha acabado. Adiós al brillo de empresas que, antes de salir a Bolsa, ya tienen un valor superior a los 1000 millones de dólares. Adiós a la exuberancia manirrota. Ha llegado la hora de las cucarachas, esos bichos lentos y resilientes, capaces de aguantar lo que les echen, de alimentarse de migajas.

«Esto se veía venir. La economía es cíclica. Hemos tenido un mercado expansivo de locura durante años y la gente pensaba que iba a durar para siempre. Pero era una anomalía. No estamos ante un simple recorte de unas plantillas que engordaron de más durante los confinamientos porque todo el mundo veía Netflix y se reunía en Zoom. Vamos hacia la austeridad», profetiza Aileen Lee, fundadora de Cowboy Ventures, una de las firmas de capital riesgo con mejor ojo para identificar a los triunfadores del mañana. Lee es una inversora 'ángel', como se conoce a los que apuestan por los jóvenes. Y es una autoridad en unicornios.

De hecho, ella inventó el término y confeccionó la primera lista en 2011. Entonces había 49. Hoy son 1200 en todo el mundo: 528 en Estados Unidos, más de un centenar en China, otros 100 en la India, 30 en Israel, 18 en Alemania, 3 en España... El crecimiento ha sido exponencial. El capital riesgo bombeó 628.000 millones de dólares el año pasado a las firmas norteamericanas, el triple de lo que ha costado el Mundial de Catar, esperando un retorno igual de fabuloso. Pero muchas ganan menos de lo que se esperaba o van subsistiendo con lo que ingresan. Y otras pierden tanto que llevan camino de convertirse en zombis.

CUANDO LLOVÍAN LOS MILLONES

El ciclo de la vida de un unicornio está perfectamente definido. Vives de los ahorros de familiares y amigos hasta que un inversor se fija en ti. Aunque primero tienes que convencerlo. Es la charla del ascensor. Tienes un minutillo para explicar tu idea. Demis Hassabis, CEO de DeepMind, recuerda que para cautivar a Peter Thiel no le habló de inteligencia artificial, pues todos los que ese día acudieron a pedir los favores del magnate a las oficinas de su fondo de inversión, el legendario Founders Fund, hablaban de lo mismo, así que despertó su curiosidad con un comentario sobre ajedrez. Vas pasando rondas de financiación hasta que atraviesas el valle de la muerte. Y solo dejas de ser unicornio por tres razones: defunción, absorción por otra compañía o salida a Bolsa.

Facebook, el unicornio triunfante, pisó el parqué en 2012 con una valoración de 100.000 millones para una start-up, que entonces solo ingresaba 4000. Y muchos alertaron: ha empezado a inflarse una burbuja. Y mentaban con un escalofrío la debacle puntocom que arrasó entre 1997 y 2000. Inversores como Bill Gurley («vamos a ver un reguero de unicornios muertos») o Mark Cuban («esto va a ser peor que en 2000») profetizaron durante años un desastre que no se materializó. «Es la burbuja que nunca estalla», se maravillaba en abril The New York Times, a pesar de que las cotizaciones de los gigantes empezaron a caer en picado, castigados por el escepticismo de Wall Street sobre sus planes de negocio y por la deserción de muchos anunciantes. El dinero gratis que imprimió el Gobierno para que la economía no gripase, y que el capital riesgo canalizó hacia Silicon Valley, se acabó con la subida de los tipos. «Muchos pensaban que eran genios. Y algunos lo eran. Pero eran genios en un mercado con intereses del cero por ciento», explica Lee. Clément Mihailescu, ingeniero de software, señala: «La Reserva Federal imprimió el equivalente al 40 por ciento de todos los dólares creados a lo largo de la historia. Toneladas de dinero que fueron inyectadas en Silicon Valley a intereses superbajos». En realidad, solo se imprimió una cantidad reducida de billetes en papel, casi todo fue dinero electrónico. Y la mayoría no circuló. Pero mucho fue captado por el capital riesgo. Y los unicornios recibieron una lluvia de confeti lanzada por gigantes como Sequoia Capital, capaces de gestionar 85.000 millones de dólares. El resultado: durante la pandemia nacieron 200 unicornios solo en Estados Unidos. Pero a los inversores todavía les quedaba un buen pico, que metieron en criptomonedas. Otra burbuja que ha pillado los dedos a miles de ahorradores.

DEL GARAJE AL NIDO

¿Y ahora qué? Es la hora de la destrucción creativa. El fenómeno estudiado por el economista Peter Howitt. Y que tiene un antecedente en la burbuja puntocom, que acabó con miles de compañías sobrevaloradas, pero dejó el camino libre para que triunfaran Google y Amazon, por entonces recién salidas del garaje, pero con las ideas claras y la ilusión de veinteañeros. «Cientos de ingenieros recién despedidos ya están discutiendo, en sus nuevas start-ups, las ideas que han acariciado durante meses en secreto. La financiación será más difícil, pero eso les exigirá disciplina», pronostica Steven Levy. «La era de las cucarachas ya está aquí. Ante este futuro incierto, las empresas harían bien en volver a lo básico y buscar modelos de negocio anclados a una economía más realista», aconseja el inversor Nick Martin. Y sentencia: «No son sexis, pero sobreviven».

LAS MUJERES QUE INVENTARON EL 'UNICORNIO' Y LA 'CUCARACHA'

El término unicornio referido a tecnológicas lo acuñó en 2011 la inversora Aileen Lee, CEO de Capital Ventures. Lleva en el negocio desde 1999, tiene tres licenciaturas (una por el MIT) y la revista Time la incluyó en la lista de las cien personas más influyentes de Estados Unidos. «El de los unicornios es un mundo dominado por hombres, desde los nerds con una idea genial, a sus padrinos. Pero me pregunto qué pasa cuando estos genios no cuidan responsablemente ni de su capital humano ni del financiero, ¿hay que seguir dándoles el beneficio de la duda y más oportunidades o buscar a otros?».

Otra mujer, Caterina Fake, cofundadora de Flickr y Hunch, ya anticipó la respuesta en 2015: «Una plaga viene a matar a los unicornios. Las empresas que quieran salir vivas de la próxima crisis tendrán que moverse con rapidez, recortar costes y olvidarse de los planes que no son rentables, o sea, resistir como cucarachas».
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