(Un texto de Carlos Manuel
Sánchez en el XLSemanal del 27 de noviembre de 2022)
En lo que va de año, las grandes tecnológicas
han despedido a 121.000 empleados. Este dato indica no solo una crisis del
sector, también un cambio de ciclo. Se acabó el tiempo de los unicornios, empresas
valoradas en más de 1000 millones de dólares. Es la hora de las cucarachas...
La crisis se cuenta en bajas.
Silicon Valley está despidiendo a miles de trabajadores. Primero, Twitter y,
luego, Meta (Facebook), pero la lista es larguísima. Y hay de todo. Gigantes
como Microsoft, Google, Amazon... También unicornios, esto es, compañías
privadas que han sobrepasado el umbral mítico de los 1000 millones de dólares
de valoración, pero que aspiran a ser gigantes, como Stripe, Salesforce, Snap,
Lyft... Y start-ups, empresas emergentes, pero que aspiran a ser
unicornios. El portal Layoffs lleva contabilizados más de 121.000
despidos en 789 empresas del sector durante 2022. Y no están mandando a recoger
sus cosas a unos cualesquiera. Estamos hablando de ingenieros y programadores
que son la crema de las universidades. Como recuerda el gurú Steven Leavy en Wired,
antes de ser contratados, a menudo, «soportaron semanas de entrevistas,
exámenes y un escrutinio a nivel CIA de su pasado. ¿Cómo es que sacaste solo un
aprobado en aquella asignatura?».
De repente, cunde el pánico en la
meca del optimismo sin límites. Allí, donde hace muy poco prometían resolver
todos los problemas del mundo, se preguntan qué está pasando.
¿La burbuja tecnológica por fin
ha estallado? ¿O es una corrección del mercado después de los años de pandemia,
que para las tecnológicas fueron tiempos de vino y rosas? Hay quien señala como
responsable al cóctel de inflación, problemas de suministros y contracción de
la economía, todo bien agitado, con la guinda envenenada del final de la ley de
Moore, aquella que garantizaba la aparición de una nueva hornada de microchips
y smartphones aún más potentes cada dos años. Y también hay quien proclama que es
un castigo a unos líderes desacreditados, Mark Zuckerberg y Elon Musk a la
cabeza, que se creían semidioses y se han topado con la realidad: las nuevas
generaciones, esos nativos digitales que ellos hicieron adictos a sus
aplicaciones, pasan del metaverso y del pajarito.
¿Qué depara el futuro? Lo más
interesante es escuchar a un gremio que suele estar callado y a lo suyo. El de
los inversores. Silicon Valley no sería lo que es sin el capital riesgo. Son
los que aflojan los dólares que sostienen a las empresas tecnológicas hasta que
ganan dinero... Y el capital ha dictado sentencia. Es oficial: la era de los
unicornios ha acabado. Adiós al brillo de empresas que, antes de salir a Bolsa,
ya tienen un valor superior a los 1000 millones de dólares. Adiós a la
exuberancia manirrota. Ha llegado la hora de las cucarachas, esos bichos lentos
y resilientes, capaces de aguantar lo que les echen, de alimentarse de migajas.
«Esto se veía venir. La economía
es cíclica. Hemos tenido un mercado expansivo de locura durante años y la gente
pensaba que iba a durar para siempre. Pero era una anomalía. No estamos ante un
simple recorte de unas plantillas que engordaron de más durante los
confinamientos porque todo el mundo veía Netflix y se reunía en Zoom. Vamos
hacia la austeridad», profetiza Aileen Lee, fundadora de Cowboy Ventures, una
de las firmas de capital riesgo con mejor ojo para identificar a los
triunfadores del mañana. Lee es una inversora 'ángel', como se conoce a los que
apuestan por los jóvenes. Y es una autoridad en unicornios.
De hecho, ella inventó el término
y confeccionó la primera lista en 2011. Entonces había 49. Hoy son 1200 en todo
el mundo: 528 en Estados Unidos, más de un centenar en China, otros 100 en la
India, 30 en Israel, 18 en Alemania, 3 en España... El crecimiento ha sido
exponencial. El capital riesgo bombeó 628.000 millones de dólares el año pasado
a las firmas norteamericanas, el triple de lo que ha costado el Mundial de
Catar, esperando un retorno igual de fabuloso. Pero muchas ganan menos de lo
que se esperaba o van subsistiendo con lo que ingresan. Y otras pierden tanto
que llevan camino de convertirse en zombis.
CUANDO LLOVÍAN LOS MILLONES
El ciclo de la vida de un
unicornio está perfectamente definido. Vives de los ahorros de familiares y
amigos hasta que un inversor se fija en ti. Aunque primero tienes que
convencerlo. Es la charla del ascensor. Tienes un minutillo para explicar tu
idea. Demis Hassabis, CEO de DeepMind, recuerda que para cautivar a Peter Thiel
no le habló de inteligencia artificial, pues todos los que ese día acudieron a
pedir los favores del magnate a las oficinas de su fondo de inversión, el
legendario Founders Fund, hablaban de lo mismo, así que despertó su curiosidad
con un comentario sobre ajedrez. Vas pasando rondas de financiación hasta que
atraviesas el valle de la muerte. Y solo dejas de ser unicornio por tres
razones: defunción, absorción por otra compañía o salida a Bolsa.
Facebook, el unicornio
triunfante, pisó el parqué en 2012 con una valoración de 100.000 millones para
una start-up, que entonces solo ingresaba 4000. Y muchos alertaron: ha
empezado a inflarse una burbuja. Y mentaban con un escalofrío la debacle
puntocom que arrasó entre 1997 y 2000. Inversores como Bill Gurley («vamos a
ver un reguero de unicornios muertos») o Mark Cuban («esto va a ser peor que en
2000») profetizaron durante años un desastre que no se materializó. «Es la
burbuja que nunca estalla», se maravillaba en abril The New York Times,
a pesar de que las cotizaciones de los gigantes empezaron a caer en picado,
castigados por el escepticismo de Wall Street sobre sus planes de negocio y por
la deserción de muchos anunciantes. El dinero gratis que imprimió el Gobierno
para que la economía no gripase, y que el capital riesgo canalizó hacia Silicon
Valley, se acabó con la subida de los tipos. «Muchos pensaban que eran genios.
Y algunos lo eran. Pero eran genios en un mercado con intereses del cero por
ciento», explica Lee. Clément Mihailescu, ingeniero de software, señala:
«La Reserva Federal imprimió el equivalente al 40 por ciento de todos los
dólares creados a lo largo de la historia. Toneladas de dinero que fueron
inyectadas en Silicon Valley a intereses superbajos». En realidad, solo se
imprimió una cantidad reducida de billetes en papel, casi todo fue dinero
electrónico. Y la mayoría no circuló. Pero mucho fue captado por el capital
riesgo. Y los unicornios recibieron una lluvia de confeti lanzada por gigantes
como Sequoia Capital, capaces de gestionar 85.000 millones de dólares. El
resultado: durante la pandemia nacieron 200 unicornios solo en Estados Unidos.
Pero a los inversores todavía les quedaba un buen pico, que metieron en
criptomonedas. Otra burbuja que ha pillado los dedos a miles de ahorradores.
DEL GARAJE AL NIDO
¿Y ahora qué? Es la hora de la
destrucción creativa. El fenómeno estudiado por el economista Peter Howitt. Y
que tiene un antecedente en la burbuja puntocom, que acabó con miles de
compañías sobrevaloradas, pero dejó el camino libre para que triunfaran Google
y Amazon, por entonces recién salidas del garaje, pero con las ideas claras y
la ilusión de veinteañeros. «Cientos de ingenieros recién despedidos ya están
discutiendo, en sus nuevas start-ups, las ideas que han acariciado
durante meses en secreto. La financiación será más difícil, pero eso les
exigirá disciplina», pronostica Steven Levy. «La era de las cucarachas ya está
aquí. Ante este futuro incierto, las empresas harían bien en volver a lo básico
y buscar modelos de negocio anclados a una economía más realista», aconseja el
inversor Nick Martin. Y sentencia: «No son sexis, pero sobreviven».
LAS MUJERES QUE INVENTARON EL
'UNICORNIO' Y LA 'CUCARACHA'
El término unicornio referido a tecnológicas lo acuñó en 2011 la inversora Aileen Lee, CEO de Capital Ventures.
Lleva en el negocio desde 1999, tiene tres licenciaturas (una por el MIT) y la
revista Time la incluyó en la lista de las cien personas más influyentes de
Estados Unidos. «El de los unicornios es un mundo dominado por hombres, desde
los nerds con una idea genial, a sus padrinos. Pero me pregunto qué pasa
cuando estos genios no cuidan responsablemente ni de su capital humano ni del
financiero, ¿hay que seguir dándoles el beneficio de la duda y más
oportunidades o buscar a otros?».
Otra mujer, Caterina Fake, cofundadora de Flickr y
Hunch, ya anticipó la respuesta en 2015: «Una plaga viene a matar a los
unicornios. Las empresas que quieran salir vivas de la próxima crisis tendrán
que moverse con rapidez, recortar costes y olvidarse de los planes que no son
rentables, o sea, resistir como cucarachas».