lunes, 16 de febrero de 2026

El extraño caso de Madrí, la cerveza inglesa que se hace pasar por española... y arrasa

(Un artículo de Luis Alemany Madrí en El Mundo del 

Una 'lager' llamada Madrí y fabricada en Yorkshire se cuela en el 'top ten' de cervezas más vendidas. Y no es la única: las cervezas españolas triunfan fuera.

a vida es compleja y hay veces que todos queremos llevarnos a nosotros mismos hasta el límite y hacernos un poco de daño. Pero, en general, es mejor una ebriedad leve, sostenida y más o menos inofensiva que una tajada rápida, pesada y potencialmente problemática. Nadie nace sabiendo ese truco pero todo el mundo lo aprende con los años. También lo han entendido así los británicos que, desde hace al menos cinco años, se han ido creando una imagen atractiva de lo que es beber cerveza a la española. ¿Y eso qué es? En resumen: beber cerveza a la española consiste en instalarse en una terraza y tomárselo con calma; en pedir unas cuantas cañas de una lager más refrescante que compleja en su sabor, de graduación baja y tirada de tal manera que haya poca espuma; en comer algo en cada ronda y en llegar así a los vinos de la cena con la lengua un poco suelta pero no descontrolada y con el botón del pantalón bien abrochado porque la tripa no se ha hinchado horriblemente.

Los españoles, que siempre hemos pensado que nuestra relación con la cerveza es poca cosa comparada con la de checos, belgas y británicos, nos podemos reír un poco de esa imagen idealizada. Y también podemos recordar que no es lo mismo tomar un zurito en Bilbao que una Tropical en Lanzarote. Pero, en el fondo, entendemos que las cosas, contadas así, tienen cierto sentido.

La venta de las cervezas españolas en Inglaterra se incrementó en un 73% en 2022. En Escocia, el alza fue del 137%. Una de cada cinco pintas despachadas en Inglaterra y una de cada siete en Escocia se vende como española, según los datos que publicó Heineken en noviembre de 2023, cuando lanzó una campaña para promocionar el relanzamiento en el Reino Unido de Cruzcampo, la marca sevillana de la que es propietaria. Estrella Damm compró el año pasado una planta cervecera en Bedford y Mahou se hizo popular hace unos años por una campaña en la que intentaba explicar a los consumidores como debían pronunciar su nombre.

¿Por qué las cursivas del párrafo anterior en cervezas españolas? Porque su buen nombre está ya tan extendido que hay cañas que no son españolas, pero se esfuerzan por parecerlo. Madrí Excepcional es el ejemplo más sorprendente. En su etiqueta aparece un chulapo bien viril y un eslogan escrito en español: «El alma de Madrid». Y, en letras más pequeñas, se lee «Discover the soul of Madrid», como si el mundo se hubiese vuelto loco y las marcas de todo el mundo pusiesen palabras un poco al azar en español y no en inglés para darse así un aire sofisticado.

«Los aficionados a la cerveza se vuelven locos por Madrí, pero ¿cómo de española es?», tituló el diario The Times un reportaje sobre esta bebida. «La misteriosa historia de la lager Madrí y por qué está de repente en todos los pubs», fue el reportaje de la revista de ocio Timeout. Entre 2020 y 2022 Madrí se convirtió en una de las 10 cervezas más vendidas del Reino Unido (también San Miguel aparece en la lista, aunque San Miguel no está tan claramente vinculada a España), donde tiene la consideración de una marca premium entre las de producción industrial y cuenta con buenas críticas.

Y lo hizo con el secreto de que su imagen tan española es un tema estético, más que un origen. En Madrí, Molson Coors, una empresa canadiense-estadounidense propietaria de Carling, entre otras marcas, pone el capital y las plantas de producción y embotellado, que están en varios puntos del Reino Unido, en Yorkshire sobre todo. Es cierto que Molson Coors compró en 2017 una marca española, la toledana La Sagra, y que la compañía dice que existe una transmisión del conocimiento desde la península hasta la isla a partir de Madrí Pilsner, una marca que la empresa toledana lanzó al mercado en 2016, pero en todos los reportajes sobre la marca que ha publicado la prensa británica se cuenta la anécdota de algún español que, de visita a un pub en Inglaterra, cuenta que nunca había oído hablar de Madrí Excepcional.

Has ahora: en La Sagra explican que grandes superficies como El Corte Inglés, Carrefour y Alcampo ya venden Madrí (fabricada en España) y que en España hay ya 292 grifos que ofrecen sus cañas. Carlos García, el consejero delegado la compañía, califica de «exitazo» el caso de Madrí. «En el Reino Unido, que es un país tradicionalmente cervecero, el producto internacional lleva algunos años en crecimiento. Los consumidores buscan sustituir las referencias de siempre por marcas premium pero accesibles».

En los supermercados, el paquete de 12 botellas de 33 centímetros cúbicos de Madrí cuesta 18 libras (21 euros). El equivalente de Coronita es una libra y media más cara. Peroni y Heineken están por encima de las 20 libras. Madrí es barata pero no lo parece y, además, García defiende que su cerveza es valiosa en sí, no sólo en la caja registradora: «Hemos hecho una lager llena de sabor, con aroma, con un perfil equilibrado, fresca, limpia, refrescante y con un final amargo, que le da un punto de diferencia. Y eso en una categoría que no había visto innovaciones significativas en mucho tiempo».

«En el fondo, tiene sentido que exista ese interés por la cerveza española», explica Ignacio Peyró, autor de las memorias gastronómicas Comimos y bebimos (Libros del Asteroide) y del diccionario de anglofilias Pompa y circunstancia (Fórcola). «Los ingleses viajan por millones a España y descubren esa manera de beber las cañas como en Andalucía, en una terraza, sin prisas, con una sucesión de tapas... Es una actitud muy diferente a la del bebedor de pintas, que tiene que ir deprisa para que no se le caliente la bebida. Cuando vuelven a casa, todos esos turistas se acuerdan de España y es normal que algo les apele cuando alguien les ofrece una cerveza española. Además, los españoles tenemos un poco de complejo sobre nuestra cultura de la cerveza, pero no creo que sea más pobre que la de Italia o la de Francia, y las cervezas italianas se llevan vendiendo en Reino Unido desde hace mucho».

La cerveza italiana -Peroni sobre todo- entró en el mercado británico como lo hizo en el español, como una pequeña sofisticación disponible en las pizzerías buenas. No es cuestión de discutir si la gastronomía española es más o menos rica que la italiana pero es evidente que nadie puede competir con la pizza como plato barato, fácil de hacer y atractivo, como conquistador de mercados. Huérfana de pizzas, a España siempre le ha costado más que a Italia transmitir por el mundo sus sabores, incluida la cerveza.

Luis Balcells, consultor y autor del libro Cerveza, la bebida de la felicidad (Planeta), acepta la comparación con Italia pero explica que ese «llegar tarde» va, en parte, en nuestro favor. «Las marcas españolas están entrado en los pubs, han encontrado su sitio en una cultura muy compleja y propia», dice, en vez de limitarse a ser un extra en los restaurantes de importación, como ocurre con las cervezas chinas, japonesas, italianas y, en menor medida, mexicanas. «El salto definitivo llegará cuando alguien dé con el snack que sea atractivo como tapita y que sea rentable como acompañamiento de la cerveza», pronostica.

Los pubs del Reino Unido, explica Balcells, están en un momento de cambio como modelo de negocio. Los grandes grupos cerveceros han empezado a comprar locales que hasta ahora eran negocios familiares y, poco a poco, empiezan a optimizar su servicio, para lo bueno y para lo malo. En ese contexto, vender cañas a la española es mejor negocio que vender pintas, aunque requiera de más trabajo de los camareros, porque los clientes están más dispuestos a pedir algo que comer. «Lo más rentable es el doble y eso ya lo estamos viendo en España», dice.

Además, el público que consume estrellas, madrís y cruzcampos también es más amable para los hosteleros y menos conflictivo que el que trasiega en una hora tres pintas de stout de 7º de alcohol (nuestras lager están por debajo de los 5º).

En el caso de Madrí, la suerte se puso a su favor por caminos inesperados. Su lanzamiento en el Reino Unido coincidió con la pandemia de 2020, cuando los británicos, confinados, anhelaron más que nunca viajar a España y pasar una semana al sol. Pero se quedaron en casa y se consolaron con una cerveza nueva, atractiva y que evocaba el sur idealizado. Hasta el Brexit ayudó al lanzamiento, ya que la imagen que transmite Madrí, a pesar del chulapo de las etiquetas y del nombre tan castizo, no es del todo madrileña, ni siquiera española. «Es una especie de sofisticación europea, muy urbana y un poco hipster, que despierta nostalgia en parte del público del Reino Unido», cuenta Peyró.

En el año del lanzamiento de Madrí, sus compradores no sólo añoraban España como placer; añoraban la Europa perdida como identidad política y cultural. Y eso se puede comprobar: las botellas y las latas de Madrí no se venden en España pero su último anuncio sí que está al alcance de cualquiera en internet. En resumen: en un vagón de tren de alta velocidad (tradicional símbolo de la Europa unida) lleno de treintañeros guapos y relajados, irrumpe un chulapo impasible que reparte botellines de Madrí de 20 centímetros cúbicos, la medida mínima en la que se consume la cerveza. Uno de los pasajeros, un hombre, decide seguir al chulapo, sólo que, al cambiar de vagón, entra en una terraza donde más treintañeros guapos y relajados beben cerveza. Al fondo hay otra puerta y, detrás, otra terraza llena de bebedores y otra detrás y, así, hasta que el viajero se encuentra con su vagón y descubre a sus amigos con sus botellines en la mano.

O sea que Madrí atribuye a Madrid la imagen que tradicionalmente se ha asociado a... Barcelona. «No es algo que viésemos venir, la verdad», explica un antiguo director de la oficina de promoción turística de la capital. «Si me hubiesen enseñado este anuncio hace unos años me hubiera quedado asombrado. Vender Madrid siempre fue difícil, no era una ciudad que la gente asociase a nada concreto. Ahora se percibe como una especie de Miami europea. Teníamos 10 hoteles de lujo y ahora hay 45. En realidad, ya teníamos el potencial pero no lo veíamos, igual que ahora tenemos una imagen potentísima relacionada con España y a veces parecemos empeñados en sabotearla nosotros mismos».

La historia de las cervezas españolas en el Reino Unido parece hecha para confirmar esa hipótesis: tienen que venir los británicos para convencernos de que beber cervezas en España es un placer encantador.

 

 

 

 

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