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jueves, 14 de mayo de 2026

Los seis enemigos de los gigantes de Silicon Valley

(Leído en un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSemanal del 27 de noviembre de 2022)

Han perdido prestigio y credibilidad

Hace cinco años caían simpáticos. Nos hacían la vida más fácil. Pero el descrédito de los líderes de Silicon Valley se ha ido extendiendo conforme se desveló cómo sus algoritmos estaban diseñados para convertir a los usuarios en adictos desde la cuna y cómo violaban la privacidad le los usuarios, vendiendo los datos a terceros. El filósofo Tristan Harris los comparó con tabacaleras. Y la economista Shoshana Zuboff documentó “un golpe de estado contra la humanidad”.

La amenaza de la ley anti monopolio y las multas en Europa

Las leyes antimonopolio que rigen en Estados Unidos no han podido evitar que decenas se convirtieran en 'decacornios' (10.000 millones) y los tres más grandes superen el billón, pero ‘ensombrecen' su crecimiento. Mientras Estados Unidos todavía debate si elaborar una nueva ley antimonopolio, Europa ya ha aprobado la suya y ha empezado a imponerles grandes multas por abuso de la competencia.

El cambio generacional

Bezos, Musk, Page, Zuckerberg... apenas tenían los 20 años cuando empezaron a revolucionar el mundo en sus respectivos garajes. Hoy rondan la cuarentena y la cincuentena. «La burbuja ha estallado», sentenció Financial Times tras conocerse los despidos de Meta y Twitter. Zuckerberg pidió perdón a sus ingenieros: «Os he fallado». Su metaverso no conecta con los jóvenes. Musk se endeuda para comprar Twitter, pero también es una red 'viejuna'. Los chavales prefieren chatear en las salas de Fortnite mientras completan misiones.

La falta de chips y la ley de Moore

La escasez de suministros paralizó los nuevos lanzamientos. Faltan microchips y que la fábrica más importante esté ubicada en Taiwán, amenazado por China, complica la situación geopolítica y retiene a los inversores. Además, la ley de Moore está llegando a su límite: la miniaturización de los transistores (su tamaño ya es de unos pocos átomos) permitía cada vez más velocidad de procesamiento en menos espacio, lo que durante cincuenta años garantizó el progreso. Pero ya no da más de sí...

La inflación y la subida de tipos

La pandemia supuso un parón para casi todos, menos para las tecnológicas. Las plantillas aumentaron porque el comercio, el ocio y el trabajo se hacían on-line. Además, los gobiernos liberaron grandes paquetes de ayudas y créditos que engrasaron las cuentas de resultado. Ahora, la inflación y las subidas de tipos han obligado a cerrar el grifo.

La gran tecnomuralla china

«Cuando tienes 3000 millones de usuarios, ¿qué espacio te queda para crecer? Esa es la fortaleza y la debilidad de Facebook», señala Clément Mihailescu. La salida natural sería China, pero el país asiático ha conseguido una doble victoria: por un lado, cerrar la puerta a las aplicaciones digitales estadounidenses: por otro, se ha infiltrado en Estados Unidos (y en el resto del mundo) gracias al éxito de TikTok.

jueves, 16 de abril de 2026

Tiempo de cucarachas en Silicon Valley

(Un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSemanal del 27 de noviembre de 2022)

En lo que va de año, las grandes tecnológicas han despedido a 121.000 empleados. Este dato indica no solo una crisis del sector, también un cambio de ciclo. Se acabó el tiempo de los unicornios, empresas valoradas en más de 1000 millones de dólares. Es la hora de las cucarachas...

La crisis se cuenta en bajas. Silicon Valley está despidiendo a miles de trabajadores. Primero, Twitter y, luego, Meta (Facebook), pero la lista es larguísima. Y hay de todo. Gigantes como Microsoft, Google, Amazon... También unicornios, esto es, compañías privadas que han sobrepasado el umbral mítico de los 1000 millones de dólares de valoración, pero que aspiran a ser gigantes, como Stripe, Salesforce, Snap, Lyft... Y start-ups, empresas emergentes, pero que aspiran a ser unicornios. El portal Layoffs lleva contabilizados más de 121.000 despidos en 789 empresas del sector durante 2022. Y no están mandando a recoger sus cosas a unos cualesquiera. Estamos hablando de ingenieros y programadores que son la crema de las universidades. Como recuerda el gurú Steven Leavy en Wired, antes de ser contratados, a menudo, «soportaron semanas de entrevistas, exámenes y un escrutinio a nivel CIA de su pasado. ¿Cómo es que sacaste solo un aprobado en aquella asignatura?».

De repente, cunde el pánico en la meca del optimismo sin límites. Allí, donde hace muy poco prometían resolver todos los problemas del mundo, se preguntan qué está pasando.

¿La burbuja tecnológica por fin ha estallado? ¿O es una corrección del mercado después de los años de pandemia, que para las tecnológicas fueron tiempos de vino y rosas? Hay quien señala como responsable al cóctel de inflación, problemas de suministros y contracción de la economía, todo bien agitado, con la guinda envenenada del final de la ley de Moore, aquella que garantizaba la aparición de una nueva hornada de microchips y smartphones aún más potentes cada dos años. Y también hay quien proclama que es un castigo a unos líderes desacreditados, Mark Zuckerberg y Elon Musk a la cabeza, que se creían semidioses y se han topado con la realidad: las nuevas generaciones, esos nativos digitales que ellos hicieron adictos a sus aplicaciones, pasan del metaverso y del pajarito.

¿Qué depara el futuro? Lo más interesante es escuchar a un gremio que suele estar callado y a lo suyo. El de los inversores. Silicon Valley no sería lo que es sin el capital riesgo. Son los que aflojan los dólares que sostienen a las empresas tecnológicas hasta que ganan dinero... Y el capital ha dictado sentencia. Es oficial: la era de los unicornios ha acabado. Adiós al brillo de empresas que, antes de salir a Bolsa, ya tienen un valor superior a los 1000 millones de dólares. Adiós a la exuberancia manirrota. Ha llegado la hora de las cucarachas, esos bichos lentos y resilientes, capaces de aguantar lo que les echen, de alimentarse de migajas.

«Esto se veía venir. La economía es cíclica. Hemos tenido un mercado expansivo de locura durante años y la gente pensaba que iba a durar para siempre. Pero era una anomalía. No estamos ante un simple recorte de unas plantillas que engordaron de más durante los confinamientos porque todo el mundo veía Netflix y se reunía en Zoom. Vamos hacia la austeridad», profetiza Aileen Lee, fundadora de Cowboy Ventures, una de las firmas de capital riesgo con mejor ojo para identificar a los triunfadores del mañana. Lee es una inversora 'ángel', como se conoce a los que apuestan por los jóvenes. Y es una autoridad en unicornios.

De hecho, ella inventó el término y confeccionó la primera lista en 2011. Entonces había 49. Hoy son 1200 en todo el mundo: 528 en Estados Unidos, más de un centenar en China, otros 100 en la India, 30 en Israel, 18 en Alemania, 3 en España... El crecimiento ha sido exponencial. El capital riesgo bombeó 628.000 millones de dólares el año pasado a las firmas norteamericanas, el triple de lo que ha costado el Mundial de Catar, esperando un retorno igual de fabuloso. Pero muchas ganan menos de lo que se esperaba o van subsistiendo con lo que ingresan. Y otras pierden tanto que llevan camino de convertirse en zombis.

CUANDO LLOVÍAN LOS MILLONES

El ciclo de la vida de un unicornio está perfectamente definido. Vives de los ahorros de familiares y amigos hasta que un inversor se fija en ti. Aunque primero tienes que convencerlo. Es la charla del ascensor. Tienes un minutillo para explicar tu idea. Demis Hassabis, CEO de DeepMind, recuerda que para cautivar a Peter Thiel no le habló de inteligencia artificial, pues todos los que ese día acudieron a pedir los favores del magnate a las oficinas de su fondo de inversión, el legendario Founders Fund, hablaban de lo mismo, así que despertó su curiosidad con un comentario sobre ajedrez. Vas pasando rondas de financiación hasta que atraviesas el valle de la muerte. Y solo dejas de ser unicornio por tres razones: defunción, absorción por otra compañía o salida a Bolsa.

Facebook, el unicornio triunfante, pisó el parqué en 2012 con una valoración de 100.000 millones para una start-up, que entonces solo ingresaba 4000. Y muchos alertaron: ha empezado a inflarse una burbuja. Y mentaban con un escalofrío la debacle puntocom que arrasó entre 1997 y 2000. Inversores como Bill Gurley («vamos a ver un reguero de unicornios muertos») o Mark Cuban («esto va a ser peor que en 2000») profetizaron durante años un desastre que no se materializó. «Es la burbuja que nunca estalla», se maravillaba en abril The New York Times, a pesar de que las cotizaciones de los gigantes empezaron a caer en picado, castigados por el escepticismo de Wall Street sobre sus planes de negocio y por la deserción de muchos anunciantes. El dinero gratis que imprimió el Gobierno para que la economía no gripase, y que el capital riesgo canalizó hacia Silicon Valley, se acabó con la subida de los tipos. «Muchos pensaban que eran genios. Y algunos lo eran. Pero eran genios en un mercado con intereses del cero por ciento», explica Lee. Clément Mihailescu, ingeniero de software, señala: «La Reserva Federal imprimió el equivalente al 40 por ciento de todos los dólares creados a lo largo de la historia. Toneladas de dinero que fueron inyectadas en Silicon Valley a intereses superbajos». En realidad, solo se imprimió una cantidad reducida de billetes en papel, casi todo fue dinero electrónico. Y la mayoría no circuló. Pero mucho fue captado por el capital riesgo. Y los unicornios recibieron una lluvia de confeti lanzada por gigantes como Sequoia Capital, capaces de gestionar 85.000 millones de dólares. El resultado: durante la pandemia nacieron 200 unicornios solo en Estados Unidos. Pero a los inversores todavía les quedaba un buen pico, que metieron en criptomonedas. Otra burbuja que ha pillado los dedos a miles de ahorradores.

DEL GARAJE AL NIDO

¿Y ahora qué? Es la hora de la destrucción creativa. El fenómeno estudiado por el economista Peter Howitt. Y que tiene un antecedente en la burbuja puntocom, que acabó con miles de compañías sobrevaloradas, pero dejó el camino libre para que triunfaran Google y Amazon, por entonces recién salidas del garaje, pero con las ideas claras y la ilusión de veinteañeros. «Cientos de ingenieros recién despedidos ya están discutiendo, en sus nuevas start-ups, las ideas que han acariciado durante meses en secreto. La financiación será más difícil, pero eso les exigirá disciplina», pronostica Steven Levy. «La era de las cucarachas ya está aquí. Ante este futuro incierto, las empresas harían bien en volver a lo básico y buscar modelos de negocio anclados a una economía más realista», aconseja el inversor Nick Martin. Y sentencia: «No son sexis, pero sobreviven».

LAS MUJERES QUE INVENTARON EL 'UNICORNIO' Y LA 'CUCARACHA'

El término unicornio referido a tecnológicas lo acuñó en 2011 la inversora Aileen Lee, CEO de Capital Ventures. Lleva en el negocio desde 1999, tiene tres licenciaturas (una por el MIT) y la revista Time la incluyó en la lista de las cien personas más influyentes de Estados Unidos. «El de los unicornios es un mundo dominado por hombres, desde los nerds con una idea genial, a sus padrinos. Pero me pregunto qué pasa cuando estos genios no cuidan responsablemente ni de su capital humano ni del financiero, ¿hay que seguir dándoles el beneficio de la duda y más oportunidades o buscar a otros?».

Otra mujer, Caterina Fake, cofundadora de Flickr y Hunch, ya anticipó la respuesta en 2015: «Una plaga viene a matar a los unicornios. Las empresas que quieran salir vivas de la próxima crisis tendrán que moverse con rapidez, recortar costes y olvidarse de los planes que no son rentables, o sea, resistir como cucarachas».

viernes, 9 de mayo de 2025

Steve Jobs, la apasionante vida de un triunfador tras un rotundo fracaso

(Un artículo de Marc Garrigasait en elconfidencial.com del 28 de febrero de 2011)

Apple es una empresa nacida en Silicon Valley, posiblemente la zona geográfica del mundo donde mayor riqueza se ha creado en sólo 30 años. Apple Computer, su nombre inicial, se creó también en una casa particular, en cuyo garaje dos jovencísimos chicos, Steve Jobs (20 años) y Steve Wozniak, montaban ordenadores. Crearon luego su empresa en 1976 y diseñaron el primer ordenador revolucionario, el Macintosh con tipografías bellas, que luego fueron copiadas por Windows, como explica Jobs.

En 10 años, Apple tenía 4.000 empleados. Steve Jobs define así esta época: "éramos felices por hacer lo que nos gustaba". Cuando tenía 30 años y poco después del lanzamiento del revolucionario Macintosh, fue expulsado de su empresa. Unos años atrás, Apple había contratado a John Sculley, el CEO de Pepsico, que en los 80 había conseguido que Pepsi ganase a Coca Cola en la famosa guerra de las colas. Es parecido al caso actual de Google, al fichar a un directivo con experiencia como Schmidt, para acompañar a los dos jovencísimos propietarios. Aunque la diferencia es que en Google la relación ha funcionado y el CEO, Schmidt, acaba de anunciar que deja el buscador, ya que los dos jóvenes ya no necesitan más tutelaje.

Pues bien, Sculley y Jobs empezaron a discrepar sobre la estrategia de la compañía y finalmente el Consejo de Administración de Apple decidió echar a Steve Jobs de Apple en 1985.

No os perdáis aquí el vídeo de 1984 con la presentación del revolucionario ordenador Macintosh con un jovencísimo Steve Jobs. Me acuerdo que en la Universidad me leí un libro apasionante sobre marketing, De Pepsi a Apple, escrito por un tal John Sculley, que tenía dos partes. En la primera, explicaba los principios básicos de marketing que aplicaron en Pepsico para derrotar a Coca Cola. En la segunda, cómo fracasó en su intento como CEO de Apple en revolucionar el sector de ordenadores.

Fue una noticia impactante en Estados Unidos, y en cierta forma Steve Jobs reconoce parte de su culpa, pero lo más importante es que asegura que este "acontecimiento devastador" al principio para él, en realidad "fue lo mejor que le podía haber ocurrido", como dijo en su famoso discurso del 2005. "Habí­a cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, y entré en uno de los periodos mas creativos de mi vida".

Jobs creó una nueva empresa fabricante de ordenadores llamada Next, así como el estudio de animación mas exitoso, Pixar -creador de Toy Story-, y se casó con su mujer.

Nadie a quien le interese personal o profesionalmente debe perderse esta entrevista a John Sculley hablando sobre su relación con Steve Jobs pero especialmente para conocerlo mejor. En ella habla de la "metodología Steve Jobs" a quien define como una persona muy metódica y perfeccionista que cuida hasta el último detalle, especialmente en el diseño de los ordenadores:

"He was a person of huge vision. But he was also a person that believed in the precise detail of every step. He was methodical and careful about everything — a perfectionist to the end".

"What makes Steve's methodology different from everyone else is that he always believed the most important decisions you make are not the things you do but the things that you decide not to do. He's a minimalist".

Y preguntado sobre las diferencias entre Bill Gates y Steve Jobs, Sculley relata que el primero sólo quería dominar el mercado. En cambio Jobs pretendía producir los productos perfectos:

"The thing that separated Steve Jobs from other people like Bill Gates -Bill was brilliant too- but Bill was never interested in great taste. He was always interested in being able to dominate a market. He would put out whatever he had to put out there to own that space. Steve would never do that. Steve believed in perfection".

Sculley reconoce en la entrevista que fue un error que le contratasen a él como CEO de Apple y que fue una decisión del Consejo de Administración a propuesta de David Rockefeller. Sí señores, los Rockefeller aún son influyentes en Estados Unidos:

"Looking back, it was a big mistake that I was ever hired as CEO. I was not the first choice that Steve wanted to be the CEO. He was the first choice, but the board wasn't prepared to make him CEO when he was 25, 26 years old.

They exhausted all of the obvious high-tech candidates to be CEO. Ultimately, David Rockefeller, who was a shareholder in Apple, said let's try a different industry and let's go to the top head hunter in the United States who isn't in high tech: Gerry Roche.

They went and recruited me. I came in not knowing anything about computers. The idea was that Steve and I were going to work as partners. He would be the technical person and I would be the marketing person.

The reason why I said it was a mistake to have hired me as CEO was Steve always wanted to be CEO. It would have been much more honest if the board had said, Let's figure out a way for him to be CEO. You could focus on the stuff that you bring and he focuses on the stuff he brings".

10 años después de la llegada de Sculley, y ya sin Steve Jobs en la compañí­a, su Consejo de Administración le encomendó buscar un comprador para Apple y visitó a AT&T y a IBM, "nadie quería comprar Apple, en una época en la que Microsoft y Intel dominaban el mercado".

Sculley fue despedido y pasaron dos CEOs más por la compañía que acabaron de destruirla aún más, hasta que Apple compró Next Inc., la nueva compañí­a de Steve Jobs en diciembre de 1996. Entonces éste volvió a ser el CEO de Apple. De hecho el Sistema operativo Mac OS X estaba basado en el OPENSTEP de los ordenadores Next. Según Sculley "si Steve hubiese tardado seis meses más en llegar, Apple habría desaparecido".

Pixar también fue un éxito, y fue comprada por Disney, y Steve Jobs pasó a formar parte del consejo de Disney.

Para entender la filosofí­a de vida de Steve Jobs, no dejéis de escuchar el famoso discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford en 2005, serán los 14 minutos mas productivos de todo el año. Es un máster gratuito que os recomiendo escuchéis periódicamente.

Todos estos factores contribuyeron que la vuelta de Steve Jobs a Apple fuera totalmente exitosa. Pensad que en 2001 las ventas de la compañía cayeron de $7.963 mill. a $5.363 mill., y tuvieron pérdidas. Es decir, que hace sólo 10 años estaba en una fortísima crisis y falta de liderazgo. En 2010, Apple vendió por $65.625 mill., con unos beneficios netos de nada menos $14.000 mill. y es la empresa más admirada del mundo y Steve Jobs, sin ninguna duda el mejor CEO mundial y posiblemente el mejor que haya existido nunca en la época moderna.

Es alucinante que una empresa de su tamaño sea capaz de lanzar dos nuevos productos como el iPhone i el iPad, y en sólo dos años supongan la mitad de la facturación total de la compañía.

Éste es el resumen de la vida de Steve Jobs. Espero que la enfermedad que ha vuelto a retirar de la vida pública no le aparte para siempre. Como en la mayoría de los casos, el éxito sólo aparece después de uno o varios fracasos estrepitosos.

miércoles, 2 de octubre de 2024

Cinco cosas buenas (y cinco malas) que nos ha dejado la moda del emprendimiento

(Un texto de Carlos Otto leído en El Confidencial del 3 de julio de 2015)

En España, los emprendedores han pasado de ser bichos raros a ser legión. La pregunta quizá sea: ¿eso es
bueno o malo? Tenemos nuestras dudas.

Está claro que emprender se ha puesto de moda. Y eso... ¿es bueno o es malo? Pues hombre, según se mire. Porque hasta hace poco el emprendedor era poco menos que un bicho raro, mientras que ahora se ha convertido en una figura cool, moderna y tremendamente atractiva en según qué ámbitos sociales.

Y eso, como todo, tiene sus cosas positivas y negativas. He aquí un recorrido a todo lo bueno (y lo malo) que nos ha traído la moda del emprendimiento en España:

A favor 

1.- No todo es ser empleado.
De entrada, esto del emprendimiento nos ha traído un curioso y beneficioso cambio de mentalidad: el mundo no se acaba en ser funcionario o trabajador por cuenta ajena. Frente a nuestra tradicional visión laboral, basada en la aparente comodidad de tener un trabajo estable o sacarnos una oposición, la moda del emprendimiento ha conseguido que montar tu propio negocio (o, al menos, darte empleo a ti mismo) ya no sea un terreno exclusivamente dirigido a hijos de empresarios, estudiantes de MBA o bichos raros en general. Ahora emprender es, como poco, una opción más.

2.- Mejor imagen social del empresario.
Durante años, para qué nos vamos a engañar, la imagen social del empresario ha sido bastante mala: un malvado tirano que explota a sus trabajadores para enriquecerse injustamente, que no concede tregua, al que sus empleados no le importan lo más mínimo... Y seguramente podamos debatir sobre qué porcentaje exacto de nuestra clase empresarial se corresponde realmente con ese perfil, pero, como poco, parece una visión exagerada y quizá un pelín injusta, ¿no?

Y oye, es verdad que a menudo la palabra emprendedor no es más que un eufemístico lavado de cara de ese tipo de empresarios, pero también es cierto que los aparentes matices semánticos del emprendedor (chavalito joven, que monta un proyecto desde cero, que -por ahora- no gana demasiado dinero, que trata bien a sus empleados...) han servido, como poco, para que el ciudadano medio entienda que no todo empresario tiene por qué ser un explotador que enciende puros con billetes de 100 euros. Porque un empresario puede ser un auténtico cabrón, sí, pero dar por hecho que por defecto todos lo son parece bastante exagerado.

3.- Inyección emocional.
No nos engañemos: durante los años más duros de la crisis, ver a un grupo de jovencitos que intentan combatir el paro montándoselo por su cuenta ha supuesto, al menos, una ligera inyección emocional para toda la sociedad. Otra cosa es que luego a los chavalitos en cuestión les haya ido bien la cosa o se hayan arruinado (lo más probable es lo segundo), pero el empuje moral y social parece innegable.

4.- Intraemprendimiento.
Sí, emprender puede ser la leche, pero no es para todos.Porque si tu emprendimiento consiste en darte de alta de autónomo y conseguir pequeños clientes quizá no te cueste mucho dinero, pero si quieres montar algo de más enjundia (con empleados, oficina, gastos logísticos, proveedores...) necesitas dinero. Mucho dinero. Y huelga decir que eso no está el alcance de todos. De hecho, está al alcance de muy pocos.

Frente a este problema, en los últimos años ha ido surgiendo una figura laboral que, pese a los mitos que circulan en torno a ella, puede ser muy interesante. Se trata del intraemprendedor, un empleado que, dentro de la aparente comodidad del trabajo por cuenta ajena, se encarga de llevar a cabo pequeños emprendimientos, iniciativas y novedades dentro de la empresa en la que trabaja. Una figura, en definitiva, que está consiguiendo que muchos trabajadores puedan innovar, crear cosas nuevas y satisfacer su ímpetu emprendedor sin necesidad de tener que abandonar su nómina.

5.- Auge de sectores poco emprendedores.
Hasta hace muy poquito, el emprendedor español tenía una tipología medianamente clara y dual: por un lado, los trabajadores poco cualificados que, ante la falta de oportunidades laborales, deciden montar un pequeño negocio (sobre todo comercios o servicios profesionales de perfil bajo); por otro, los trabajadores altamente cualificados (licenciados o estudiantes de máster) que lanzaban su propio negocio en sectores muy dados al emprendimiento (marketing, publicidad, consultoría, ventas...).

Sin embargo, la puesta en valor del discurso emprendedor ha provocado que otros sectores, tradicionalmente nada vinculados al emprendimiento, vean crecer su número de empresas. Porque ahora se anima a emprender todo Dios: diseñadores, ingenieros, investigadores, periodistas, científicos... La figura del emprendedor ya no está asociado al licenciado en Empresariales que intentará venderte todo lo que se le ocurra, sino al profesional cualificado que te ofrece sus servicios trabajando desde su propia empresa.

En contra

1.- ¿A cuántos hemos lanzado a la ruina?
Desde que empezó todo este optimismo en torno al emprendimiento (del que los medios tenemos gran parte de mérito o demérito), siempre me hago la misma pregunta: ¿a cuánta gente estamos lanzando a emprender... para que después se arruine? Porque sí, emprender puede salirte muy bien y que acabes triunfando, pero también puedes arruinarte y acabar peor de como empezaste. Y, ¿qué parte de responsabilidad tendremos los que hemos lanzado a emprendedor que fracasa?

Además, es probable que el discurso del emprendimiento haya pecado de un optimismo psicológico que quizá (sólo quizá) haya sido exacerbado. Porque la inyección de un optimismo superficial puede ser positiva si la cosa sale bien, pero cuanto más sube algo... más dura es la caída. Y si al emprendedor le sale mal la aventura que regó con ese optimismo tan exagerado, ¿no será aún más brutal el derrumbe psicológico que acabe con él?

2.- Darwinismo social.
Ya hemos hablado de esto alguna vez. Lo malo del emprendimiento es que se basa en el discurso de la
supervivencia, de sobreponerse a todo lo malo que se pueda cruzar en tu camino, de creer en esa monstruosa chorrada de que 'si quieres, puedes'. Y claro, entonces llega la arrogancia, ya que "los que trabajaron duro y les ha ido bien tienden a pensar que a los que no les va bien no trabajaron duro".

Porque tenemos que convencernos de una cosa: que tú las hayas pasado putas y hayas sobrevivido no significa que todo el mundo tenga que pasarlas tan putas como tú. Porque ese discurso de que "la vida es dura, chico, y si te va mal, pues te aguantas" podría ser válido si viviésemos en la jungla, pero no en un Estado de derecho.

3.- Peor imagen social del empleado/funcionario.
Derivada de la anterior. La mejora de la imagen social del empresario sólo puede interpretarse en clave
positiva, pero su radicalización ha traído consigo un punto muy negativo. Porque claro, si resulta que eres el entrepreneur del siglo, un hombre hecho a sí mismo que se ha creado su propio trabajo, ha levantado un
negocio desde cero y encima ha dado empleo a otras personas, ¿qué respeto te va a merecer un empleadillo o un funcionarete de pacotilla, que se dedica a calentar la silla hasta que le llega la nómina?

Porque la visión del empresario como un malvado explotador era una generalización injusta, pero la visión del empleado o del funcionario como un parásito sin valor, además de injusta, es estúpida.

4.- ¿Es sostenible este modelo?
En los peores años de la crisis, el número de autónomos en nuestro país cayó de manera dramática. Y podría haber sido muchísimo peor, ojo, ya que la terrible caída se vio medianamente frenada por el auge del emprendimiento, que hizo que nuestro país fuese el quinto de la Unión Europea en altas de autónomos... pero el primero en bajas.

Ahora las cifras son muchísimo mejores, dónde va a parar, pero siguen ofreciéndonos algunas dudas. Y es que los datos que de cuando en cuando filtra el Ministerio de Empleo nos muestran una realidad ante la que, como poco, cabe estar alerta: la mayoría de altas en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) se producen por parte de personas que nunca han pertenecido a este régimen (es decir, que nunca han emprendido). Por el contrario, gran parte de las bajas se producen entre autónomos que llevaban más de cinco años funcionando. Es decir, que los nuevos autónomos que se están dando de alta aún tienen que encontrar un modelo de negocio viable, mientras que los que lo tuvieron durante años son los que se están yendo. ¿Conseguirán los nuevos autónomos sustituir el empleo que destruyeron los que se han dado de baja?

5.- El discurso empieza a ser cansino.
Todos, casi sin excepción, estamos de acuerdo en que fomentar el emprendimiento es algo indudablemente
positivo. Pero claro, cuando un discurso se usa tanto... al final se acaba desgastando. Y seguro que no soy el único que empieza a estar harto de ver constantemente hablando de emprendimiento, de esfuerzo, de
superación y otras tantas palabras vacías a políticos que no sólo no han emprendido nunca, sino que ni siquiera han pasado por la empresa privada en toda su vida, ¿verdad?

Corremos el riesgo de que el fomento del emprendimiento al final acabe siendo cansino y, por tanto, contraproducente. Porque tanto va el cántaro a la fuente... que al final, inevitablemente, se acaba rompiendo.

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