jueves, 16 de abril de 2026

Tiempo de cucarachas en Silicon Valley

(Un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSemanal del 27 de noviembre de 2022)

En lo que va de año, las grandes tecnológicas han despedido a 121.000 empleados. Este dato indica no solo una crisis del sector, también un cambio de ciclo. Se acabó el tiempo de los unicornios, empresas valoradas en más de 1000 millones de dólares. Es la hora de las cucarachas...

La crisis se cuenta en bajas. Silicon Valley está despidiendo a miles de trabajadores. Primero, Twitter y, luego, Meta (Facebook), pero la lista es larguísima. Y hay de todo. Gigantes como Microsoft, Google, Amazon... También unicornios, esto es, compañías privadas que han sobrepasado el umbral mítico de los 1000 millones de dólares de valoración, pero que aspiran a ser gigantes, como Stripe, Salesforce, Snap, Lyft... Y start-ups, empresas emergentes, pero que aspiran a ser unicornios. El portal Layoffs lleva contabilizados más de 121.000 despidos en 789 empresas del sector durante 2022. Y no están mandando a recoger sus cosas a unos cualesquiera. Estamos hablando de ingenieros y programadores que son la crema de las universidades. Como recuerda el gurú Steven Leavy en Wired, antes de ser contratados, a menudo, «soportaron semanas de entrevistas, exámenes y un escrutinio a nivel CIA de su pasado. ¿Cómo es que sacaste solo un aprobado en aquella asignatura?».

De repente, cunde el pánico en la meca del optimismo sin límites. Allí, donde hace muy poco prometían resolver todos los problemas del mundo, se preguntan qué está pasando.

¿La burbuja tecnológica por fin ha estallado? ¿O es una corrección del mercado después de los años de pandemia, que para las tecnológicas fueron tiempos de vino y rosas? Hay quien señala como responsable al cóctel de inflación, problemas de suministros y contracción de la economía, todo bien agitado, con la guinda envenenada del final de la ley de Moore, aquella que garantizaba la aparición de una nueva hornada de microchips y smartphones aún más potentes cada dos años. Y también hay quien proclama que es un castigo a unos líderes desacreditados, Mark Zuckerberg y Elon Musk a la cabeza, que se creían semidioses y se han topado con la realidad: las nuevas generaciones, esos nativos digitales que ellos hicieron adictos a sus aplicaciones, pasan del metaverso y del pajarito.

¿Qué depara el futuro? Lo más interesante es escuchar a un gremio que suele estar callado y a lo suyo. El de los inversores. Silicon Valley no sería lo que es sin el capital riesgo. Son los que aflojan los dólares que sostienen a las empresas tecnológicas hasta que ganan dinero... Y el capital ha dictado sentencia. Es oficial: la era de los unicornios ha acabado. Adiós al brillo de empresas que, antes de salir a Bolsa, ya tienen un valor superior a los 1000 millones de dólares. Adiós a la exuberancia manirrota. Ha llegado la hora de las cucarachas, esos bichos lentos y resilientes, capaces de aguantar lo que les echen, de alimentarse de migajas.

«Esto se veía venir. La economía es cíclica. Hemos tenido un mercado expansivo de locura durante años y la gente pensaba que iba a durar para siempre. Pero era una anomalía. No estamos ante un simple recorte de unas plantillas que engordaron de más durante los confinamientos porque todo el mundo veía Netflix y se reunía en Zoom. Vamos hacia la austeridad», profetiza Aileen Lee, fundadora de Cowboy Ventures, una de las firmas de capital riesgo con mejor ojo para identificar a los triunfadores del mañana. Lee es una inversora 'ángel', como se conoce a los que apuestan por los jóvenes. Y es una autoridad en unicornios.

De hecho, ella inventó el término y confeccionó la primera lista en 2011. Entonces había 49. Hoy son 1200 en todo el mundo: 528 en Estados Unidos, más de un centenar en China, otros 100 en la India, 30 en Israel, 18 en Alemania, 3 en España... El crecimiento ha sido exponencial. El capital riesgo bombeó 628.000 millones de dólares el año pasado a las firmas norteamericanas, el triple de lo que ha costado el Mundial de Catar, esperando un retorno igual de fabuloso. Pero muchas ganan menos de lo que se esperaba o van subsistiendo con lo que ingresan. Y otras pierden tanto que llevan camino de convertirse en zombis.

CUANDO LLOVÍAN LOS MILLONES

El ciclo de la vida de un unicornio está perfectamente definido. Vives de los ahorros de familiares y amigos hasta que un inversor se fija en ti. Aunque primero tienes que convencerlo. Es la charla del ascensor. Tienes un minutillo para explicar tu idea. Demis Hassabis, CEO de DeepMind, recuerda que para cautivar a Peter Thiel no le habló de inteligencia artificial, pues todos los que ese día acudieron a pedir los favores del magnate a las oficinas de su fondo de inversión, el legendario Founders Fund, hablaban de lo mismo, así que despertó su curiosidad con un comentario sobre ajedrez. Vas pasando rondas de financiación hasta que atraviesas el valle de la muerte. Y solo dejas de ser unicornio por tres razones: defunción, absorción por otra compañía o salida a Bolsa.

Facebook, el unicornio triunfante, pisó el parqué en 2012 con una valoración de 100.000 millones para una start-up, que entonces solo ingresaba 4000. Y muchos alertaron: ha empezado a inflarse una burbuja. Y mentaban con un escalofrío la debacle puntocom que arrasó entre 1997 y 2000. Inversores como Bill Gurley («vamos a ver un reguero de unicornios muertos») o Mark Cuban («esto va a ser peor que en 2000») profetizaron durante años un desastre que no se materializó. «Es la burbuja que nunca estalla», se maravillaba en abril The New York Times, a pesar de que las cotizaciones de los gigantes empezaron a caer en picado, castigados por el escepticismo de Wall Street sobre sus planes de negocio y por la deserción de muchos anunciantes. El dinero gratis que imprimió el Gobierno para que la economía no gripase, y que el capital riesgo canalizó hacia Silicon Valley, se acabó con la subida de los tipos. «Muchos pensaban que eran genios. Y algunos lo eran. Pero eran genios en un mercado con intereses del cero por ciento», explica Lee. Clément Mihailescu, ingeniero de software, señala: «La Reserva Federal imprimió el equivalente al 40 por ciento de todos los dólares creados a lo largo de la historia. Toneladas de dinero que fueron inyectadas en Silicon Valley a intereses superbajos». En realidad, solo se imprimió una cantidad reducida de billetes en papel, casi todo fue dinero electrónico. Y la mayoría no circuló. Pero mucho fue captado por el capital riesgo. Y los unicornios recibieron una lluvia de confeti lanzada por gigantes como Sequoia Capital, capaces de gestionar 85.000 millones de dólares. El resultado: durante la pandemia nacieron 200 unicornios solo en Estados Unidos. Pero a los inversores todavía les quedaba un buen pico, que metieron en criptomonedas. Otra burbuja que ha pillado los dedos a miles de ahorradores.

DEL GARAJE AL NIDO

¿Y ahora qué? Es la hora de la destrucción creativa. El fenómeno estudiado por el economista Peter Howitt. Y que tiene un antecedente en la burbuja puntocom, que acabó con miles de compañías sobrevaloradas, pero dejó el camino libre para que triunfaran Google y Amazon, por entonces recién salidas del garaje, pero con las ideas claras y la ilusión de veinteañeros. «Cientos de ingenieros recién despedidos ya están discutiendo, en sus nuevas start-ups, las ideas que han acariciado durante meses en secreto. La financiación será más difícil, pero eso les exigirá disciplina», pronostica Steven Levy. «La era de las cucarachas ya está aquí. Ante este futuro incierto, las empresas harían bien en volver a lo básico y buscar modelos de negocio anclados a una economía más realista», aconseja el inversor Nick Martin. Y sentencia: «No son sexis, pero sobreviven».

LAS MUJERES QUE INVENTARON EL 'UNICORNIO' Y LA 'CUCARACHA'

El término unicornio referido a tecnológicas lo acuñó en 2011 la inversora Aileen Lee, CEO de Capital Ventures. Lleva en el negocio desde 1999, tiene tres licenciaturas (una por el MIT) y la revista Time la incluyó en la lista de las cien personas más influyentes de Estados Unidos. «El de los unicornios es un mundo dominado por hombres, desde los nerds con una idea genial, a sus padrinos. Pero me pregunto qué pasa cuando estos genios no cuidan responsablemente ni de su capital humano ni del financiero, ¿hay que seguir dándoles el beneficio de la duda y más oportunidades o buscar a otros?».

Otra mujer, Caterina Fake, cofundadora de Flickr y Hunch, ya anticipó la respuesta en 2015: «Una plaga viene a matar a los unicornios. Las empresas que quieran salir vivas de la próxima crisis tendrán que moverse con rapidez, recortar costes y olvidarse de los planes que no son rentables, o sea, resistir como cucarachas».
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