lunes, 17 de febrero de 2025

Cuando emprender te arruina la vida: "Me desahuciaron y no tenía ni para un bocadillo"

(Un texto de C. Otto en elconfidencial.com del 17 de abril de 2017. Y es que conviene recordar que el emprendimiento no es para todo el mundo.)

¿Qué pasa cuando un emprendedor fracasa y se enfrenta a las deudas, a Hacienda y a su propia angustia? Estos cuatro nos cuentan su experiencia: no se la desean ni a su mayor enemigo.

Cuando llegó la crisis, en España empezó a instaurarse la filosofía del discurso emprendedor, que en los últimos años nos ha traído un vaivén de altas y bajas en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). Este discurso se nutre de frases como 'Si quieres, puedes', 'Sal de tu zona de confort', 'Persigue tus sueños' o 'El único fracaso es no intentarlo'. Sin embargo, de poco sirven estas frases en la vida real cuando tu proyecto fracasa y debes afrontar las consecuencias. 

La narrativa emprendedora suele estar incompleta. Los emprendedores que triunfan cuentan los ingredientes de su éxito allá donde van, pero los que fracasan suelen dar el silencio por respuesta. ¿Qué pasa cuando una persona fracasa con su proyecto y se enfrenta a las deudas, a los proveedores, a Hacienda o incluso a la pérdida de su casa? Lo que sigue son cuatro historias de emprendedores que fracasaron en su aventura y tuvieron que abordar una situación que no desearían ni a su mayor enemigo.

1) "Me desahuciaron y sigo endeudado"

Antonio [nombre modificado], que prefiere mantenerse anónimo por el motivo que conoceremos al final de esta historia, es un (ex)periodista albaceteño de 44 años que en su momento trabajó en dos gabinetes de prensa y en una agencia de comunicación. Su aventura emprendedora comenzó en febrero de 2012, cuando la agencia en la que trabajaba cerró y dos de los clientes le pidieron seguir llevándoles la comunicación 'online' por algo más de 1.000 euros mensuales, con lo que no necesitaba inversión inicial. Dicho y hecho: se dio de alta como autónomo y empezó a trabajar para ellos.

Tardó poco en aumentar el volumen de clientes: "A finales de 2012, ya facturaba lo suficiente y monté la empresa". Apenas un año después, a finales de 2013, Antonio tenía 12 clientes y cuatro empleados en su firma, que era rentable y no tenía un euro de deuda. Pero un cliente 'distraído' encendió la mecha: "A mediados de 2013 nos hizo un encargo de más de 200.000 euros, hasta teníamos que contratar a tres personas nuevas. Yo tenía muchas dudas, así que firmamos un contrato con un calendario de pagos y los intereses en caso de que se retrasasen".

Pero todo salió mal: "Era un proyecto de un año, y a los nueve meses nos dijeron que se cancelaba todo y cerraban la empresa, y solo nos habían pagado 36.000 euros". De la noche a la mañana, entre los encargos sin pagar, las nóminas y los despidos que tenía que afrontar, Antonio se encontró con una deuda cercana a los 250.000 euros.

Fue entonces cuando todo se vino abajo: "Era una deuda inasumible, me pongo nervioso solo de recordarlo. Pedí dinero a varios familiares para despedir a toda la plantilla y poder pagar sus indemnizaciones. Ese fue el comienzo del infierno: "No solo tenía que seguir con mi trabajo, sino aumentar la facturación para poder pagar deudas. Debía dinero al banco, a Hacienda, a algunos exempleados y a un par de proveedores pequeños a los que no podía dejar con el pufo. Tenía un sueldo normalísimo, 1.600 euros mensuales, pero me lo quité para ir pagando. Con 41 años recién cumplidos, puse en venta el piso con el que estaba hipotecado, me fui a casa de mis padres y empecé a trabajar 16 o 17 horas diarias".

"Lo peor no era la carga del trabajo", asegura, "sino la ansiedad. Raro era el día que conseguía dormir más de tres o cuatro horas; estaba agotado, pero con una ansiedad que no le deseo ni a mi mayor enemigo. Era imposible estar bien emocionalmente, pero tenía que trabajar y salir a vender. Recuerdo haber ido a reuniones habiendo dormido una o dos horas, era insoportable". 

Cualquier gasto suponía una millonada: "Cuando tenía que estar todo el día en reuniones, iba con tres o cuatro euros como mucho. A mediodía me iba a Mercadona a comprar algo por uno o dos euros o cogía un bocadillo en un bar. Un día me surgió una reunión improvisada en una cafetería y tuve que elegir entre invitar al cliente al café o comer yo ese día. Ya te imaginas lo que hice... Lo de no comer a mediodía se convirtió en costumbre: si salía de casa a las ocho de la mañana, no volvía a comer nada hasta que volvía por la tarde-noche porque no tenía un duro, es que no tenía ni para un bocadillo...".  

En 2015, Antonio sufrió el mayor palo de todos: "Le dije sinceramente al banco que no podía pagar mi hipoteca. Desde mediados de 2014 no había podido pagar ni un solo mes y con la deuda empresarial que tenía no veía forma de poder hacerlo. El banco me apretó y yo estaba hecho polvo, así que casi no puse ni resistencia. En mayo me habían quitado el piso".

Antonio siguió trabajando y sufrió hasta dos embargos de su cuenta bancaria por parte de Hacienda. Empezó a trabajar de camarero los fines de semana y a finales de 2016 se trasladó a Madrid para trabajar de recepcionista en un hotel: "Para que mis jefes no se enterasen del embargo de Hacienda, volví a pedir dinero para pagar esa deuda. Ahora vivo en un piso compartido, trabajo ocho horas en el hotel y en cuanto puedo sigo haciendo encargos para clientes. Tengo 44 años, tú me dirás si esto es vida. Yo soñaba con formar una familia, pero ya me puedo ir olvidando".

Por suerte, su actual jefe le ha echado un cable: "Desde el principio nos llevamos muy bien, así que un día se lo conté. Se ha portado genial conmigo: me adelantó dos meses de sueldo, y, cuando tenemos poco trabajo, me dice que me vaya a casa o me deja trabajar en el hotel. Los que no saben nada de esto son mis clientes: si me sacas en el reportaje, por favor, no pongas mi nombre real".

A día de hoy, Antonio sigue trabajando entre 16 y 17 horas diarias. En su ordenador tiene la misma hoja de Excel con las deudas que aún mantiene y las que, por suerte, va liquidando: "Todavía debo algo menos de 100.000 euros. Si todo va bien, me los habré quitado de encima a finales de 2019 o principios de 2020".

2) 11 años para una deuda de seis cifras

En 2001, el emprendedor Javier Echaleku abandonó su trabajo en Inditex y montó por su cuenta una empresa de diseño y producción de calzado. Al principio no le fue mal, precisamente: "En esos años, llegamos a facturar más de cuatro millones de euros, pero a los cuatro años nos pegamos un trompazo de tres pares de narices". Tras la quiebra técnica, "cada socio asumió una parte de deuda, la mía era de seis cifras".

Javier tenía dos opciones: "O intentaba afrontar la deuda personal o abandonaba, que era lo que muchos me recomendaban. Abandonar implicaba cerrar la empresa, declararme insolvente, dejar de existir para los bancos y asumir que nunca más tendría nada en propiedad. Algunos incluso me recomendaban irme del país, ya que en cuanto tuviese trabajo me embargarían la nómina". Optó por lo primero: durante (demasiados) años, diseñó una hoja de Excel con todas las deudas. Se buscó un trabajo por cuenta ajena, se sumergió en la austeridad más absoluta y, muy poco a poco, empezó a ir tachando deudas a medida que las iba liquidando.

Pero la cosa tenía que acelerar: "Con un sueldo no podría asumir todos los pagos, necesitaba más dinero", así que en 2008 montó Kuombo, la empresa que nueve años después les da de comer a él y a sus cerca de 15 empleados. "No ha sido un camino fácil", reconoce. "Hemos estado a punto de cerrar tres veces. Hay veces que te planteas tirar todo por la borda y abandonar". El infierno de Javier acabó el pasado 30 de marzo: "Ese día pagué el último recibo del último préstamo del último banco. Ahora sí: ya soy totalmente libre". La recomposición le ha llevado nada menos que 11 años.

3) Embargada, endeudada y parada

Rocío también nos pide que ocultemos su nombre real. Esta arquitecta de 31 años decidió lanzarse a la aventura empresarial en 2014, tras haber trabajado de manera precaria para tres estudios de arquitectura. En su caso, contaba con una dificultad añadida: "En el primero estuve siete meses como falsa autónoma, así que cuando emprendí ya no tenía tarifa reducida, pagaba 264 euros al mes de cuota".

Su posición, asegura, nunca fue demasiado buena: "Salía a vender mucho, pero pillé una época en la que no salían demasiados proyectos. Tuve un cliente bueno al que hice un encargo de 12.000 euros, pero lo demás eran cosas muy pequeñas". Pese a todo, intentaba ser constante: "Había calculado ser rentable a partir del primer año, así que el banco me dio un préstamo de 10.000 euros para ir tirando". Pero se equivocó: "No remontó para nada. No paraba de trabajar, así que no tenía tiempo de salir a vender. Lo intenté con un comercial externo, pero en la arquitectura tienes que salir tú a vender, no mandar a otro, y yo no tenía casi tiempo".

La parada de la actividad le llegó a finales de 2015: "Hacienda me embargó la cuenta y avisó por carta a tres de mis clientes, así que mi imagen profesional cayó bastante. Acabé esos proyectos, pero ya no me encargaron más. Decidí que eso era insostenible: no tenía ingresos, no podía seguir endeudándome, ningún familiar podía dejarme dinero y estaba totalmente deprimida", reconoce.

A día de hoy, la situación de Rocío es más que precaria: "Sigo con la cuenta embargada por Hacienda y al banco aún le debo 4.000 y pico euros. Además, estoy en paro". Le preguntamos cuándo (cree que) podrá quedar libre de deudas: "No tengo ni idea. Solo de pensarlo me pongo a temblar. Me apunto a todas las ofertas de Infojobs, LinkedIn y demás, pero vete a saber. Estoy desesperada".

4) "Rehipotequé mi casa para no cerrar"

Juan Luis Polo es un emprendedor conocido en el sector digital español gracias al éxito de su empresa, Good Rebels (antes llamada Territorio Creativo), pero no siempre fue así: en este tiempo, se enfrentó a un casi inevitable cierre, al rehipotecado de una casa y a una depresión por parte del propio emprendedor. Territorio Creativo nació en 1997 y a mediados de 2001 tenía cerca de 30 empleados. Sin embargo, entre 2001 y 2002, las empresas 'puntocom' cayeron en picado y con ellas se llevaron casi todos sus proyectos.

"Ahí nos dimos con la famosa ley de Pareto: el 80% de lo que facturábamos venía del 20% de clientes, y la mayoría cerraron", nos cuenta. "Estuvimos un tiempo aguantando el tirón gracias a préstamos familiares, de bancos... pero a los ocho meses estábamos prácticamente quebrados. Solo pudimos reunir dinero para despedir a la gente. El agujero tenía nombre y apellidos: 240.000 euros".

Sin financiación y rozando el concurso de acreedores, Juan Luis y su mujer tuvieron que tomar una decisión: "Acabábamos de pagar la hipoteca de la casa en la que vivíamos con nuestros hijos, así que la rehipotecamos y la añadimos al capital social de la empresa para empezar a pagar las deudas y recuperarnos. Lo pasé muy mal y se lo hice pasar muy mal a mi familia. Todo esto te genera un nerviosismo que te supera. Lo que más me quitaba el sueño era volver a tener ganas de salir adelante y hacer crecer la compañía".

Por suerte, la cosa pudo remontar: "Reorientamos toda nuestra estrategia, nos pusimos a vender como locos (cosa que no habíamos hecho antes) y allá por 2005 teníamos la empresa aún con deudas, pero ya encaminada". Sin embargo, en 2009 la empresa tuvo un retraso puntual en el pago de nóminas, lo que desembocó en una crisis reputacional y en que a Juan Luis le diagnosticaran una depresión. Por suerte, el apoyo psicológico y familiar (especialmente de su mujer, a la que llegó a dedicar un artículo en su blog) hizo que superase el bache. Con el tiempo, la compañía siguió yendo para arriba: "A partir de 2010 pegamos un subidón y lo hemos mantenido hasta ahora. Pero las deudas seguían ahí: algunas las terminamos de pagar cuando crecimos definitivamente".

A día de hoy, por suerte para todos, Good Rebels está en su mejor momento: tiene cerca de 130 empleados, está presente en cinco países, en 2016 facturó 7,5 millones de euros (frente a los 300.000 de 2009) y, lo mejor de todo, la cosa no hace más que seguir creciendo.

¿Ha ido muy lejos el discurso emprendedor?

Al conocer estas situaciones nos surge una pregunta: ¿nos hemos pasado en España con el discurso emprendedor? ¿Hemos pecado de optimismo? ¿Hemos lanzado a muchos jóvenes a emprender sin ofrecerles la otra cara de la moneda? ¿Se ha obsesionado alguien con que los parados salgan urgentemente de las listas del INEM, pasen a engrosar la lista de autónomos y se arriesguen a un posible fracaso cuyas consecuencias casi nunca salen en prensa?

Antonio lo tiene claro: "Nos hemos pasado tres pueblos. Y no lo digo por mí, que ya tenía una edad para saber a qué me enfrentaba, sino por la gente joven. Hay chavales que trabajan como precarios, que están en paro o que incluso no han trabajado en su vida. Los políticos no quieren verlos en las listas del paro, así que los han lanzado a emprender de manera suicida. Y si les va mal, no pasa nada: cuando ellos se den de baja como autónomos, otros se darán de alta".

Rocío incide en esta postura: "No puedo culpar a nadie de mi situación, ya soy mayorcita, pero está claro que solo nos han vendido lo bueno. Nos sueltan un rollazo de que emprender es maravilloso, de que tenemos que perseguir nuestros sueños... Es una chorrada. Para mí ser emprendedora no era conseguir ningún sueño, era trabajar y punto. Cada vez que veo a alguien con ese discurso, le cuento mi experiencia. No para desanimarle, sino para que al menos tenga la historia completa".

Para Juan Luis Polo, la clave está en el término medio: "Hemos pasado de ser un país con poco discurso emprendedor a uno en el que te anima a emprender gente que no ha montado una empresa en su vida". Además, él y Echaleku coinciden en un punto: "Hay que aprender a vender. Que seas muy bueno haciendo algo no quiere decir que te vaya a ir bien emprendiendo. Si quieres que te salga bien un negocio, tienes que vender, vender y vender".

En cualquier caso, parece evidente que el relato emprendedor está incompleto. A menudo nos llenamos de discursos llenos de éxitos, ventas millonarias, inversiones mastodónticas y satisfacción personal, pero queda la otra cara de la moneda: cuando un emprendedor fracasa y tiene que asumir el infierno que se le viene encima. Una cara que es mucho más frecuente... y que es dura de narices.

miércoles, 15 de enero de 2025

Sri Lanka, la fábrica de papel de boñigas de elefante

(Un texto de Laura Fornell en elpais.com del 7 de mayo de 2017)

Agricultores y paquidermos viven en este país en eterno conflicto por la tierra. Una familia de impresores tuvo una idea conciliadora, revolucionaria, inédita y ecológica: elaborar papel con sus excrementos.

Cada vez más personas practican un estilo de vida ecológico o amigable con el medio ambiente, adoptando hábitos para generar el menor impacto posible en él, tanto en la generación de residuos como en la forma de consumir. Y cada vez son más las empresas que se suman a este movimiento, poniendo en el mercado productos ecológicos, que generan el mínimo daño ambiental durante su elaboración y en los que usan ingredientes de origen natural o materiales reciclados. Pero pocas en el mundo como la de Thusitha Ranasinghe.

Nacido en el seno de una familia de impresores de Sri Lanka, que durante tres generaciones había comercializado papel de distintas partes del mundo, Ranasinghe tuvo una brillante idea hace ya 23 años: producir papel utilizando como materia prima las boñigas de elefante, pues estas contienen gran cantidad de fibras. Con esta iniciativa, aparte de crear un producto ecológico, consiguió también tender un puente en el eterno conflicto en este país entre agricultores y paquidermos por la tierra, dando empleo a los habitantes de las zonas rurales e intentando cambiar la percepción que tienen de estos animales como una amenaza.

Aunque en un primer momento todos sus allegados vieron la idea como algo descabellado, en 1997 nació en esta pequeña isla del océano Índico Maximus Ltd., una empresa con siete trabajadores y una pequeña fábrica en Kegalle. Hoy, da trabajo a más de 120 personas, con dos sedes más pequeñas en Kandalama y Rangirigama, además de muchas tiendas repartidas por todo el país. Y aunque la central se ha trasladado a la capital, Colombo, su fábrica principal sigue estando en Kegalle, con más de 70 trabajadores.

En esta fábrica, en un pequeño despacho con paredes de cristal, una mesa llena de muestras de papel con diferentes texturas y alguna que otra bolsa de papel reciclado, el gerente Wibatha Wijerathne explica con detalle el proceso de elaboración artesanal del papel ecológico. “No utilizamos químicos”, es lo que primero resalta. “Solo productos y colorantes naturales para teñir el papel”. Wibatha, que empezó a trabajar en Maximus Ltd. en 2004, apunta orgulloso que Thusitha fue "el pionero en utilizar los excrementos de los paquidermos para hacer papel reciclado. Tenemos la patente registrada que lo demuestra", asegura.

“La mayor parte de la producción actual es papel confeccionado con una mezcla al 50% de excremento y de papel reciclado. Solo un tercio es papel hecho al 100% con ellos, ya que el producto resultante es muy basto y áspero al contener muchas más fibras y sólo se puede utilizar para diseños de cajas o marcos de fotos; por su textura es difícil escribir en él”, aclara Wibatha. “Con la mezcla de papel reciclado y excrementos, en cambio, se consigue un producto más fino, ideal para las libretas y los cuadernos, que es el más solicitado”, añade mientras pasa sus dedos por una hoja del muestrario que tiene encima de la mesa.

Todo el proceso empieza, en realidad, con el mal sistema digestivo de los elefantes. Son animales herbívoros que consumen una dieta altamente fibrosa, pero su sistema digestivo es algo ineficiente. Esto hace que no digierna ni descompongan completamente todas las fibras que comen, lo que resulta en una cantidad significativa de fibras intactas al defecar: una materia prima perfecta para la producción de papel.

Las boñigas de las que se nutre la fábrica de Kegalle provienen de la Millennium Elephant Foundation, una organización no gubernamental que se dedica a mejorar el bienestar de los elefantes domésticos y que se ubica puerta con puerta con la empresa de Thusitha. Los voluntarios de la Fundación transportan a diario cuatro carretillas repletas de materia prima a sus vecinos, y a partir de ahí arranca la elaboración del papel. “Maximus no paga el suministro, pero a cambio ofrece una contribución a la Fundación para apoyar el mantenimiento de los elefantes”, explica Wibatha.

Tras secar los excrementos al sol, hervirlos durante unas horas hasta alcanzar una temperatura de 130 grados con la que se consigue matar todas las bacterias y suavizar las fibras haciéndolas más flexibles, se obtiene una pulpa con una textura parecida a la que puede tener una pasta de avena. A continuación, se mezcla la masa obtenida junto con el papel reciclado, y, si es el caso, se añade el colorante natural.

“Con los elefantes de Millennium Elephant Foundation tenemos más que suficiente para la producción actual”, explica Senerath Bandara. Tiene 45 años y lleva trabajando en la empresa desde sus inicios, hace ya 23 años. “Después de haber pasado por todos los puestos en la sección de fabricación del papel, ahora soy el supervisor de la sección, responsable de todos los pasos para su elaboración, desde el secado al sol inicial hasta el momento en que se deja el papel secar a la sombra”, comenta orgulloso mientras controla las mezclas.

Una vez se obtiene la masa mezclada ya se pueden fabricar los pliegos, y lo hacen siguiendo un método artesanal que no ha cambiado mucho desde la invención del papel en China en el año 105 d.C. Se vierte la mezcla en un fregadero grande lleno de agua donde hay un marco con una rejilla sumergida y se extiende la masa de manera uniforme en toda la superficie de la pantalla enmarcada. Se levanta la pantalla del recipiente con una fina capa de la mezcla, se coloca una tela para que no se peguen las hojas entre sí y se van apilando hasta que las pasan por una prensa para escurrir el agua. Después se dejan secar a la sombra.

“Una vez están secas se alisan y con eso termina el proceso de elaboración”, comenta A. Malini, de 50 años, trabajadora en Maximus Ltd. desde que su origen. “Comencé en la sección de elaboración, pero tras 23 años he pasado por todas las áreas”, dice entre risas atenta al planchado de hojas. “Hoy soy la responsable del producto final y superviso todas las etapas desde el alisado, al corte y el acabado final según las peticiones del cliente”.

Al final de la cadena empieza un minucioso proceso, el de la manufacturación del papel. Más de 30 personas trabajan en cadena en esta fase en la que todo se hace a mano: unos cortan, otros crean pequeños detalles con moldes, otros pegan, otros juntan las piezas, otros pintan. “Cada producto final, ya sea tarjetas de felicitación, cuadernos, blocs de notas, cajas, libretas, libros, papelería corporativa, tarjetas de visita, menús de restaurantes o marcos de fotos es único, ya que está hecho a mano”, dice satisfecho Wibhata.

Sanjara Kumara se encuentra en el almacén, rodeado de cajas grandes de cartón, preparando un envío de marcos de fotos para un cliente de Japón, en Hiroshima. “Nuestro principal comprador es Estados Unidos, a quien enviamos tres contenedores con unos 30.000 productos cada tres meses”, cuenta Sanjara. “Japón fue el primero, pero ya no adquiere tanto”, se lamenta. “De Europa cada vez tenemos más pedidos, actualmente enviamos unos tres contenedores al año a Italia”. Sanjara tiene 40 años, es el supervisor de la sección de embalajes y uno de los tres trabajadores que han pasado por todas las áreas de fabricación artesanal del papel.

Actualmente la empresa acaba de ampliar el negocio y ha habilitado una planta de reciclaje de tetrapack, siguiendo con su filosofía de negocio eco-friendly, que empezó a producir en abril. “La idea es producir bolsas de papel para extender su uso y retirar las de plástico”, dice Wibhata. Con el papel a base de excrementos de elefante no pueden hacerlas, ya que el material se rompe fácilmente. “Seguimos apostando por la conservación de nuestro entorno y trabajaremos siempre en esa línea, aunque no recibamos ninguna ayuda por parte del Gobierno”, se queja Wibhata. “Desgraciadamente, en estos tiempos no está preocupado por el medio ambiente”.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

La receta del moribundo que ha hecho millonaria a su hija

(Un texto de Héctor G. Barnés en El Confidencial del 2 de mayo de 2017)

La historia que Hiroe Tanaka cuenta sobre el origen del plato estrella de su cadena tiene todos los ingredientes del 'marketing' perfecto: éxito, fracaso y amor paterno-filial.

Hemos oído historias de triunfo de todos los colores y sabores. Que si empezamos en un garaje (¡mentira!), que si me fui de la universidad porque no era lo suficientemente buena para mí… La que nos faltaba era una que vinculaba la receta perdida y definitiva de un plato típico con una cadena de restaurantes valorada en miles de millones de euros. Concretamente, en unos 75.

Esta es la historia de Kushikatsu Tanaka Co., cuya vicepresidenta y rostro visible responde al nombre de Hiroe Tanaka que también abandonó la universidad por su propio pie antes de fundar una cadena que le lanzaría al estrellato internacional. ¿Su secreto? Como ella misma asegura a 'Bloomberg', “todo ha ocurrido gracias a mi padre”, a quien asegura rendir tributo todos los días.

La historia es sencilla. Tanaka, que ahora tiene 46 años, era una niña amante del conocido como kushikatsu, que consiste básicamente en brochetas de carne y verdura cubiertas de pan rallado y fritas. En definitiva, un plato de muy fácil preparación que, como tantos alimentos que gustan a todo el mundo, eran consumidos por las clases trabajadoras por su fácil preparación, polivalencia –¿no se le puede echar de casi todo a la pizza, los bocadillos o la tortilla?– y su bajo coste pero alta capacidad de saciar el hambre.

La diferencia, en este caso, es que el padre de Tanaka, mucho más consciente que sus compatriotas de que la cocina es un arte, había conseguido encontrar el equilibro perfecto entre aceite, rebozado y salsa. Una receta perfecta producto de años y años de práctica, y que hacía las delicias de su hija y de sus amigos de la ciudad de Osaka, el lugar de origen del kushikatsu. La historia cuenta que fue en 1929 cuando una mujer del barrio de Shinsekai cocinó por primera vez este plato.

El padre de Tanaka murió cuando ella tenía 21 años, a principios de los años 90, y la dejó huérfana tanto de su cariño como de su irresistible kushikatsu; muchos se sentirán identificados con la historia de cómo la muerte de un ser querido nos priva para siempre de una de sus recetas características. No ocurrió lo mismo en este caso. Aunque Hiroe pasó años y años intentando replicar la receta, no fue hasta finales de la pasada década cuando encontró en una caja de viejos documentos las instrucciones que su padre había dejado para cocinar kushikatsu.

En un primer momento, la joven no mostró demasiado entusiasmo por ese galimatías de anotaciones. Sin embargo, una vez probó a seguir las órdenes que su padre le enviaba desde ultratumba, se dio cuenta de que “era, de hecho, el sabor del kushikatsu que mi padre cocinaba”. ¿Por qué dio con la receta en ese momento y no otro? Porque fue cuando estaba recogiendo todas sus cosas para mudarse, después de que la crisis financiera de 2008 propinase un duro golpe a la cadena de restaurantes que abrió junto con Keiji Nuki, con quien ya había trabajado como cocinera, intentando en vano emular la receta de su padre.

Así que, una vez dieron con la receta definitiva, decidieron empezar desde cero con un pequeño y barato restaurante lejos del centro de Tokio, que de repente se convirtió en “viral”, como señala el artículo. El éxito de la compañía especializada en kushikatsu le llevó a abrir un segundo y un tercer restaurante, abarrotados hasta las trancas, hasta que finalmente Tanaka y Nuki decidieron que debían convertir su negocio en una franquicia.

Desde entonces, se ha convertido en una de las cadenas de más éxito en Japón, reproduciendo la fórmula de comida barata, sencilla y para todos los públicos pero con cierto toque casero, sobre todo: su historia fundacional asegura al cliente que está tomándose un kushikatsu del de verdad. Es una variante japonesa de las grandes cadenas de hamburguesas, pizza, tallarines, kebap o makis… o montaditos. ¿Una moraleja? El que consiga hallar la receta de la tortilla perfecta entre los papeles perdidos de su padre y comercializarla en serie puede tener entre manos la gran fórmula del éxito.

Lo demuestran los últimos datos de Kushikatsu Tanaka Co. La cadena cuenta actualmente con 146 locales en todo Japón y uno en Hawái. Además, este año planea abrir 40 franquiciados más. Durante el pasado año, la empresa declaró un beneficio de 2,6 millones de euros, un crecimiento de un 57% respecto al ejercicio anterior. Aunque algunos analistas señalan que la competencia es dura y los objetivos muy ambiciosos, no se puede negar que Tanaka ha desarrollado la historia de 'marketing' perfecta. Una que contiene fracaso, éxito, comida adictiva y barata y, sobre todo, una bonita relación padre e hija más allá de la muerte.

miércoles, 30 de octubre de 2024

Ocho historias de éxito de emprendedores

 (Un texto de Steve Tobak en soyentrepreneur.com publicado el 25 de febrero de 2015)

Nunca deja de sorprenderme cuánto tiempo gasta la gente buscando atajos mágicos para alcanzar el éxito empresarial cuando el único camino ideal está mirándolos de frente: los emprendedores reales que comienzan negocios verdaderos, que emplean a gente real y que hacen productos y servicios para sus clientes.

Sé que es difícil, involucra mucho trabajo, pero así es la vida. Además, ve el lado amable: harás lo que quieras a tu manera. Sólo hay una trampa, tienes que empezar por algún lado. Las ideas y oportunidades no se crean de la nada. La única forma que conozco para comenzar es aprender una habilidad comercial y trabajar duro. En mi experiencia, de ahí es de donde vienen las ideas, socios y finanzas.

Si quieres hacerlo bien, aquí hay ocho historias que tal vez nunca has escuchado de empresas reconocidas.

Pierre Omidyar. En 1995, un programador de computadoras comenzó a subastar cosas en su sitio Web. AuctionWeb, como antes era conocido, era un proyecto personal, pero cuando la cantidad de tráfico aumentó, fue necesario crear una cuenta en internet y Omidyar tuvo que comenzar a cobrarle algo a las personas por el servicio. De hecho, contrató a su primer empleado para que se hiciera cargo de estos pagos. Este sitio hoy es conocido como eBay.

John Ferolito y Don Vultaggio. En los 70s, una pareja de amigos de Brooklyn creó una distribuidora de cerveza en la parte trasera de un autobús. Dos décadas después, al ver lo bien que le iba a Snapple, decidieron intentar hacer bebidas dulces y lanzaron AriZona Green Tea. Hoy en día, esta marca es la número uno en Estados Unidos y se distribuye a nivel mundial. Estos amigos todavía son dueños de la empresa.

Matt Maloney y Mike Evans. Esta pareja se encargaba del desarrollo de software en Chicago. Estaban trabajando en un proyecto y se cansaron de llamar a los restaurantes para pedir su cena, fue entonces cuando se les ocurrió la idea de tener un solo lugar al cual llamar para recibir la comida. Ahí es donde decidieron iniciar GrubHub, empresa que se dio a conocer el año pasado en abril y ahora vale más de tres mil millones de dólares.

Joe Coulombe. Después de operar una pequeña cadena de tiendas de conveniencia en el sur de California, Coulombe tuvo una idea: tal vez los universitarios quieran algo mejor que el Seven Eleven. Así que abrió una tienda con un tema tropical en Pasadena llena de buen vino y otras bebidas, contrató buenos empleados y les pagó bien. Agregó más locaciones cerca de universidades, comida saludable y así fue como comenzó Trader Joe's.

Howard Schultz. Un viaje a Milán le dio la idea a un joven vendedor que trabajaba para una tienda de café en Seattle de mejorar la calidad del espresso como lo hacían en Italia. Su jefe no tenía ganas de ser dueño de varias cafeterías, pero accedió financiar la idea de Schultz. Hasta le vendió el nombre del negocio Starbucks.

Phil Robertson. Había un hombre que amaba cazar patos, tanto que prefirió hacer eso en lugar de jugar para la NFL. Inventó un llamado para patos, comenzó su propia empresa llamada Duck Commander, eventualmente puso a su hijo Willy a cargo y eso dio lugar a un imperio de medios de comunicación y merchandising para un imperio llamado Duck Dynasty.

Konosuke Matsushita. En 1917, en Japón, un aprendiz de 23 años que no tenía ninguna educación formal trabajaba en la empresa Osaka Electric Light. Se le ocurrió la idea de una toma de luz mejorada. Su jefe no estaba interesado, así que el joven Matsushita comenzó a hacer muestras en su sótano. Después probó con lámparas para bicicletas que funcionan con baterías y otros productos electrónicos. Matsushita Electric, como era conocida hasta 2008 cuando la empresa cambió el nombre oficialmente a Panasonic, ahora vale 66 mil millones de dólares.

Steve Wozniak y Steve Jobs. Aunque habían sido amigos desde la secundaria, estos dos jóvenes que abandonaron la universidad recibieron reconocimiento en el mundo de la computación por haber trabajado en un juego en Atari. El tercer fundador de Apple, Ron Wayne, también era alumno de ahí.

Como siempre he dicho, el mundo está lleno de posibilidades infinitas y grandes oportunidades, pero tu vida y carrera tienen un límite, lo que significa que tienes cierto tiempo para iniciar y dejar tu marca en el mundo. Este es tu momento, no lo pierdas. Encuentra algo que te guste y hazlo, así es como empiezan los verdaderos emprendedores.

viernes, 18 de octubre de 2024

10 ejercicios creativos que son (probablemente) mil veces mejores que el "brainstorming"

(Leído en marketingdigital.com allá por mitad de noviembre de 2016. No sé quien lo escribió entonces, pero luego lo he encontrado firmado por Esther Lastra y re-publicado el 6 de octubre de 2021)

¿En sequía tras la lluvia de ideas? ¿Conoces estos otros métodos para desarrollar la creatividad?

El «brainstorming» es probablemente el método más conocido para alumbrar nuevas ideas, pero lo cierto es que el corazón de la creatividad palpita más allá de las tradicionales lluvias de ideas. Ahí fuera hay decenas y decenas de ejercicios para hacer fluir los jugos creativos que son tan buenos (o mejores) que el «brainstorming» de toda la vida. A continuación, y de la mano de HubSpot, repasamos algunos de esos ejercicios:

1. El método del «storyboarding»

Este ejercicio de creatividad consiste en algo tan fácil (y eficaz) como escribir ideas individuales (no necesariamente completas ni desarrolladas) sobre post-it y tratar después de ordenar, esta vez ya en grupo, las ideas engendradas previamente de manera individual.

2. El método de las conexiones forzadas

Para poner en marcha este ejercicio de brainstorming, que puede llevarse a cabo tanto individualmente como en grupo, hay que escribir sobre una pizarra dos listas de objetos totalmente desprovistos de conexión entre sí, elegir dos o más objetos y tratar de buscar maneras de conectarlos.

Aunque los resultados conseguidos con esta técnica son a menudo absolutamente disparatados, este ejercicio es una magnífica manera de deshacer “nudos” creativos.

3. El método del “brain-writing”

En este ejercicio creativo de brainstorming que debe practicarse en grupo, a los participantes se les encomienda que escriban sobre una hoja de papel sus ideas (no elaboradas) para dar solución a un problema.

A continuación, todas y cada una de las hojas de papel pasan de mano en mano y son leídas con atención por todos los participantes, que deben completar con sus propias ideas la idea inicial allí esbozada.

Este método es ideal para lograr que todas las ideas sean escuchadas y evitar que una única persona lleve la voz cantante, como sucede tan a menudo en las sesiones de “brainstorming”.

4. El método del borrador cero

Muy utilizado por los escritores, este método es también muy útil para los creativos y los marketeros cuando están enfrascados en las primeras fases de un proyecto.

El método del borrador cero consiste es elegir un tema, escribir todo lo que sabemos sobre él, anotar después lo que necesitamos o queremos saber sobre ese tema, reflexionar sobre los motivos por los que el tema que tenemos entre manos es importante y añadir a continuación todo las ideas (por locas que sean) que acudan a nuestra mente.

5. El método S.C.A.M.P.E.R.

El método S.C.A.M.P.E.R. es una manera de abordar las ideas que tenemos sobre la mesa desde perspectivas diferentes a fin de enriquecerlas.

El objetivo es sustituir (S), combinar (C), adaptar (A), modificar (M), proporcionar otro uso (P), eliminar (E) y reorganizar (R) las ideas previamente pergeñadas.

6. El método de cuestionar suposiciones

Las suposiciones, todas aquellas que damos por ciertas y a las que nos agarramos como un clavo ardiendo, son a veces veneno para la creatividad.

Por eso, cuando nos enfrentamos a un proyecto creativo, es muy útil escribir todas aquellas suposiciones relacionadas con ese proyecto y tratar de cuestionarlas una a una.

7. El método de los deseos

Este ejercicio creativo, que alienta la imaginación de quienes lo practican, consiste en pensar sin ningún tipo de cortapisas en las soluciones más inimaginables (y descabelladas) para dar solución a un problema.

En una segunda fase, hay que seleccionar los mejores deseos, discutirlos en detalle y pulirlos para convertirlos en ideas realistas.

8. El método de los alter ego

En este ejercicio de creatividad hay que tratar de ponerse en los zapatos de otras personas (superhéroes, por ejemplo) para dar solución a los problemas que tenemos enfrente.

Para llevar a la práctica esta técnica podemos meternos en la piel de personas realmente idóneas para solventar el problema que nos acucia o también en la piel de personas a todas luces inadecuadas para explorar nuevos puntos de vista.

9. El método del “group sketching”

No hace falta ser ni mucho menos un artista para beneficiarnos del “group sketching”

En este ejercicio los participantes deben dibujar sobre una hoja de papel una imagen directamente relacionada con el problema que hay que solventar.

Después los dibujos pasan de mano en mano y los participantes los completan con sus propias ideas visuales. ¿El objetivo? Ver las cosas desde ángulos diferentes.

10. El método de los seis sombreros para pensar

Esta técnica creativa, alumbrada por el escritor y psicólogo maltés Edward de Bono allá por el año 1985, consiste en que los participantes asuman seis roles diferentes (el de la lógica, el del optimismo, el de la negatividad, el de la emoción, el de la creatividad y el de la dirección) a la hora de discutir un problema.

seis sombreros

Todos estos métodos suponen buenas alternativas, pero si tu primera opción siempre es un buen "brainstorming" no te olvides de contar con las tres personas necesarias para que las ideas fluyan. ¡Suerte!

miércoles, 2 de octubre de 2024

Cinco cosas buenas (y cinco malas) que nos ha dejado la moda del emprendimiento

(Un texto de Carlos Otto leído en El Confidencial del 3 de julio de 2015)

En España, los emprendedores han pasado de ser bichos raros a ser legión. La pregunta quizá sea: ¿eso es
bueno o malo? Tenemos nuestras dudas.

Está claro que emprender se ha puesto de moda. Y eso... ¿es bueno o es malo? Pues hombre, según se mire. Porque hasta hace poco el emprendedor era poco menos que un bicho raro, mientras que ahora se ha convertido en una figura cool, moderna y tremendamente atractiva en según qué ámbitos sociales.

Y eso, como todo, tiene sus cosas positivas y negativas. He aquí un recorrido a todo lo bueno (y lo malo) que nos ha traído la moda del emprendimiento en España:

A favor 

1.- No todo es ser empleado.
De entrada, esto del emprendimiento nos ha traído un curioso y beneficioso cambio de mentalidad: el mundo no se acaba en ser funcionario o trabajador por cuenta ajena. Frente a nuestra tradicional visión laboral, basada en la aparente comodidad de tener un trabajo estable o sacarnos una oposición, la moda del emprendimiento ha conseguido que montar tu propio negocio (o, al menos, darte empleo a ti mismo) ya no sea un terreno exclusivamente dirigido a hijos de empresarios, estudiantes de MBA o bichos raros en general. Ahora emprender es, como poco, una opción más.

2.- Mejor imagen social del empresario.
Durante años, para qué nos vamos a engañar, la imagen social del empresario ha sido bastante mala: un malvado tirano que explota a sus trabajadores para enriquecerse injustamente, que no concede tregua, al que sus empleados no le importan lo más mínimo... Y seguramente podamos debatir sobre qué porcentaje exacto de nuestra clase empresarial se corresponde realmente con ese perfil, pero, como poco, parece una visión exagerada y quizá un pelín injusta, ¿no?

Y oye, es verdad que a menudo la palabra emprendedor no es más que un eufemístico lavado de cara de ese tipo de empresarios, pero también es cierto que los aparentes matices semánticos del emprendedor (chavalito joven, que monta un proyecto desde cero, que -por ahora- no gana demasiado dinero, que trata bien a sus empleados...) han servido, como poco, para que el ciudadano medio entienda que no todo empresario tiene por qué ser un explotador que enciende puros con billetes de 100 euros. Porque un empresario puede ser un auténtico cabrón, sí, pero dar por hecho que por defecto todos lo son parece bastante exagerado.

3.- Inyección emocional.
No nos engañemos: durante los años más duros de la crisis, ver a un grupo de jovencitos que intentan combatir el paro montándoselo por su cuenta ha supuesto, al menos, una ligera inyección emocional para toda la sociedad. Otra cosa es que luego a los chavalitos en cuestión les haya ido bien la cosa o se hayan arruinado (lo más probable es lo segundo), pero el empuje moral y social parece innegable.

4.- Intraemprendimiento.
Sí, emprender puede ser la leche, pero no es para todos.Porque si tu emprendimiento consiste en darte de alta de autónomo y conseguir pequeños clientes quizá no te cueste mucho dinero, pero si quieres montar algo de más enjundia (con empleados, oficina, gastos logísticos, proveedores...) necesitas dinero. Mucho dinero. Y huelga decir que eso no está el alcance de todos. De hecho, está al alcance de muy pocos.

Frente a este problema, en los últimos años ha ido surgiendo una figura laboral que, pese a los mitos que circulan en torno a ella, puede ser muy interesante. Se trata del intraemprendedor, un empleado que, dentro de la aparente comodidad del trabajo por cuenta ajena, se encarga de llevar a cabo pequeños emprendimientos, iniciativas y novedades dentro de la empresa en la que trabaja. Una figura, en definitiva, que está consiguiendo que muchos trabajadores puedan innovar, crear cosas nuevas y satisfacer su ímpetu emprendedor sin necesidad de tener que abandonar su nómina.

5.- Auge de sectores poco emprendedores.
Hasta hace muy poquito, el emprendedor español tenía una tipología medianamente clara y dual: por un lado, los trabajadores poco cualificados que, ante la falta de oportunidades laborales, deciden montar un pequeño negocio (sobre todo comercios o servicios profesionales de perfil bajo); por otro, los trabajadores altamente cualificados (licenciados o estudiantes de máster) que lanzaban su propio negocio en sectores muy dados al emprendimiento (marketing, publicidad, consultoría, ventas...).

Sin embargo, la puesta en valor del discurso emprendedor ha provocado que otros sectores, tradicionalmente nada vinculados al emprendimiento, vean crecer su número de empresas. Porque ahora se anima a emprender todo Dios: diseñadores, ingenieros, investigadores, periodistas, científicos... La figura del emprendedor ya no está asociado al licenciado en Empresariales que intentará venderte todo lo que se le ocurra, sino al profesional cualificado que te ofrece sus servicios trabajando desde su propia empresa.

En contra

1.- ¿A cuántos hemos lanzado a la ruina?
Desde que empezó todo este optimismo en torno al emprendimiento (del que los medios tenemos gran parte de mérito o demérito), siempre me hago la misma pregunta: ¿a cuánta gente estamos lanzando a emprender... para que después se arruine? Porque sí, emprender puede salirte muy bien y que acabes triunfando, pero también puedes arruinarte y acabar peor de como empezaste. Y, ¿qué parte de responsabilidad tendremos los que hemos lanzado a emprendedor que fracasa?

Además, es probable que el discurso del emprendimiento haya pecado de un optimismo psicológico que quizá (sólo quizá) haya sido exacerbado. Porque la inyección de un optimismo superficial puede ser positiva si la cosa sale bien, pero cuanto más sube algo... más dura es la caída. Y si al emprendedor le sale mal la aventura que regó con ese optimismo tan exagerado, ¿no será aún más brutal el derrumbe psicológico que acabe con él?

2.- Darwinismo social.
Ya hemos hablado de esto alguna vez. Lo malo del emprendimiento es que se basa en el discurso de la
supervivencia, de sobreponerse a todo lo malo que se pueda cruzar en tu camino, de creer en esa monstruosa chorrada de que 'si quieres, puedes'. Y claro, entonces llega la arrogancia, ya que "los que trabajaron duro y les ha ido bien tienden a pensar que a los que no les va bien no trabajaron duro".

Porque tenemos que convencernos de una cosa: que tú las hayas pasado putas y hayas sobrevivido no significa que todo el mundo tenga que pasarlas tan putas como tú. Porque ese discurso de que "la vida es dura, chico, y si te va mal, pues te aguantas" podría ser válido si viviésemos en la jungla, pero no en un Estado de derecho.

3.- Peor imagen social del empleado/funcionario.
Derivada de la anterior. La mejora de la imagen social del empresario sólo puede interpretarse en clave
positiva, pero su radicalización ha traído consigo un punto muy negativo. Porque claro, si resulta que eres el entrepreneur del siglo, un hombre hecho a sí mismo que se ha creado su propio trabajo, ha levantado un
negocio desde cero y encima ha dado empleo a otras personas, ¿qué respeto te va a merecer un empleadillo o un funcionarete de pacotilla, que se dedica a calentar la silla hasta que le llega la nómina?

Porque la visión del empresario como un malvado explotador era una generalización injusta, pero la visión del empleado o del funcionario como un parásito sin valor, además de injusta, es estúpida.

4.- ¿Es sostenible este modelo?
En los peores años de la crisis, el número de autónomos en nuestro país cayó de manera dramática. Y podría haber sido muchísimo peor, ojo, ya que la terrible caída se vio medianamente frenada por el auge del emprendimiento, que hizo que nuestro país fuese el quinto de la Unión Europea en altas de autónomos... pero el primero en bajas.

Ahora las cifras son muchísimo mejores, dónde va a parar, pero siguen ofreciéndonos algunas dudas. Y es que los datos que de cuando en cuando filtra el Ministerio de Empleo nos muestran una realidad ante la que, como poco, cabe estar alerta: la mayoría de altas en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) se producen por parte de personas que nunca han pertenecido a este régimen (es decir, que nunca han emprendido). Por el contrario, gran parte de las bajas se producen entre autónomos que llevaban más de cinco años funcionando. Es decir, que los nuevos autónomos que se están dando de alta aún tienen que encontrar un modelo de negocio viable, mientras que los que lo tuvieron durante años son los que se están yendo. ¿Conseguirán los nuevos autónomos sustituir el empleo que destruyeron los que se han dado de baja?

5.- El discurso empieza a ser cansino.
Todos, casi sin excepción, estamos de acuerdo en que fomentar el emprendimiento es algo indudablemente
positivo. Pero claro, cuando un discurso se usa tanto... al final se acaba desgastando. Y seguro que no soy el único que empieza a estar harto de ver constantemente hablando de emprendimiento, de esfuerzo, de
superación y otras tantas palabras vacías a políticos que no sólo no han emprendido nunca, sino que ni siquiera han pasado por la empresa privada en toda su vida, ¿verdad?

Corremos el riesgo de que el fomento del emprendimiento al final acabe siendo cansino y, por tanto, contraproducente. Porque tanto va el cántaro a la fuente... que al final, inevitablemente, se acaba rompiendo.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Intraemprendimiento: una revolución en el corazón de la empresa

(Un texto de José Suárez en La Vanguardia del 17 de noviembre de 2017)

Es esencial para la supervivencia de una empresa desarrollar una actividad emprendedora en el seno de la organización para innovar o reformular el modelo de negocio).

Cuenta la leyenda que a finales de los 90, cuando el alquiler de películas de video abarcaba un inmenso mercado y el negocio tenía puesto el foco más en la eficiencia que en el cliente, un ex marine y matemático que rozaba la cuarentena llamado Reed Hastings se sorprendió cuando recibió un aviso de su tienda Blockbuster con una deuda de 40 dólares por el retraso en la devolución de la última cinta que había alquilado, Apolo 13.

Esta experiencia llevó a Hastings a idear un negocio basado en un sistema de envíos de películas a domicilio sin limitaciones ni sanciones. Era aún 1998 cuando decidió fundar junto a su socio, Marc Randoph, una startup denominada Netflix.

Dos años después, Hastings y Randolph ofrecieron a Blockbuster integrar la visión de su modelo de negocio de suscripción ilimitada, que ya apuntaba al vídeo en streaming, en el negocio del gigante del vídeo, que aún no había tocado techo. En 2004, con 60.000 empleados y 9.000 tiendas en todo el mundo, Blockbuster ingresó 6.000 millones de dólares. El precio de la operación no superaba los 50 millones de dólares, pero Blockbuster rechazó la propuesta. En 2010, el gigante norteamericano se declaró en bancarrota.

Nettlix es hoy en día una de las empresas líderes del entretenimiento mundial con más de 100 millones de
suscriptores en el mundo que pagan alrededor de 120 dólares al año por una extensa oferta que incluye contenidos de producción propia y ha alcanzado una capitalización bursátil que roza los 80 mil millones de dólares.

El de Netflix es un buen ejemplo de empresa disruptiva que aporta una visión y un modelo de negocio diferente al de sus competidores para ganar cuota de mercado y posicionarse como empresa de referencia en su sector. 

El caso de Blockbuster no es nuevo, actualmente miles de proyectos disruptivos amenazan modelos de negocio tradicionales, en algunos casos centenarios, que han estado protegidos durante décadas por barreras de entrada infranqueables hasta la aparición de Internet. La música, los medios de comunicación, la banca, el transporte o la industria de la automoción son sólo algunos de ellos.

Este cambio puede apreciarse en el Standard and Poors 500, uno de los índices más relevantes y representativos de la bolsa, en el que el periodo de permanencia de las empresas se ha ido reduciendo paulatinamente. Si en 1996la vida media de una empresa cotizada en este índice superaba los 40 años hoy en día apenas sobrepasa los 20, y las proyecciones auguran que este descenso será una constante.

Estos fenómenos de cambio e incertidumbre permanente agudizados por la era digital son un quebradero de cabeza para los responsables de negocio, que buscan nuevas vías de innovación que permita a sus empresas distinguirse de su competencia, cada vez más prolífica e imprevisible.

Los expertos ven una solución en la figura del intraemprendimiento, término acuñado en 1985 por
Gifford Pinchot que consiste en desarrollar una actividad emprendedora en el seno de una organización que ya existe para aportar iniciativas innovadoras orientadas, en el mejor de los casos, a la reformulación del modelo de negocio. 

José López García de Leániz. CEO de Igeneris. ha desarrollado medio centenar de proyectos en empresas
espafiolas para emprender desde dentro de la propia organización. "La mejor manera de salir de este círculo vicioso es innovar para ofrecer nuevas propuestas de valor, desarrollar nuevos modelos de negoclo que te diferencien frente a tanta competencia".

Sin embargo, el intraemprendimiento no es sencillo: "ya no basta con que un solo departamento, el de
Innovación, asuma esta responsabilidad. Hay que poner todo el talento que tiene la organización a trabajar en ello. Este cambio necesario de mentalidad es nuevo para la mayoría de las empresas, y supone un cambio cultural enorme".

Precisamente el informe Emprendimiento Corporativo en España que desarrolla la Universidad de Deusto junto a otras instituciones subraya que "implantar una estrategia eficaz no es tarea fácil, ya que, a los obstáculos inherentes a todo proyecto innovador, hay que sumarle resistencias que tienen origen en la propia organización".

López García de Leániz enfatiza que "lo más importante es el mensaje claro de la alta dirección de que el
intraemprendimiento es clave para el futuro de la empresa". Un mensaje que tiene que traducirse en hechos concretos: "formar a la organización. dotarla de medios y hacerlo de forma sistemática con una metodología"; a lo que hay que sumar una "buena gestión de las expectativas".

El responsable de Igeneris explica que el aprendizaje de este tipo de dinámicas en el seno de una empresa "lleva su tiempo" y "la mayoría de las veces es necesario contar con un apoyo experto en intraemprendimiento que ayude a formar a la organización y a sacar nuevos modelos de negocio que generen los resultados que busca, mientras se va arraigando la capacidad de hacerlo con autonomía".

Una autonomía que fomentan grandes empresas tecnológicas como Apple, Google, Facebook y Amazon casi desde sus inicios. Google. por ejemplo, libera un 20% del horario laboral a los trabajadores que quieran emprender internamente. Si los proyectos innovadores que proponen salen adelante pueden llegar a obtener beneficios adicionales. como participaciones en la iniciativa.

El análisis de Deusto revela que el86% de las grandes corporaciones españolas encuestadas cuenta con algún tipo de programa de apoyo a los intraemprendedores y el 80% posee algún tipo de mecanismo para identificar el talento a nivel interno.

Asimismo, apunta que el 75% de las grandes empresas propone retos para motivar la generación de proyectos intraemprendedores y el 67% permite a los empleados dedicar parte de la jornada a trabajar en estas iniciativas; pero sólo el 15% cuenta con políticas de compensación especiales para las personas que las impulsan y menos del 50% las apoya económicamente.

Con respecto a este estudio, López García de Leániz considera que "habría que profundizar en si los programas que se están implantando. son los correctos o no. Con la experiencia de lo que veo en las empresas, cuestiono mucho la eficacia de las medidas que actualmente se están implantando".

En este sentido. explica que '"la mayoría de las corporaciones no van mucho más allá de implantar un software de ideas para que la organización aporte nuevos planteamientos sobre un tema concreto". Se trata de iniciativas cuyo impacto "suele ser muy bajo". Por ello, "la mayoría de las ideas que los empleados aportan no se implantan. Y esto genera una frustración en los profesionales que les desmotiva a seguir participando".

"Para que una empresa de verdad aprenda a intraemprender - explica el experto- no hay atajos". El intraemprendimiento "es estratégico para garantizar el futuro de la empresa y las medidas que deberían tomar son mucho más profundas que las que están acometiendo en la actualidad".

Entre otras conclusiones, el estudio de Deusto apunta que "la figura del Chief Entrepreneur Executive no tardará en extenderse entre aquellas grandes empresas que aspiren a mantenerse líderes". El CEO de Igeneris va más allá: "la siguiente gran revolución. la innovación en el Management". En las últimas décadas. explica, "se han producido cambios profundos en las organizaciones pero las empresas siguen gestionándose como hace 40 años. y existe una enorme burocracia que ralentiza la toma de decisiones
en cuestiones críticas que requieren una respuesta más ágil".

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