lunes, 31 de julio de 2017

'Start ups' irracionales españolas

(Extraído de un texto de Tino Fernández publicado en el suplemento económico de El Mundo del 25 de junio de 2017 y de un texto leído en businessmonkeynews.com/es/siete-start-up-irracionales-espanolas/)

Un grupo de ‘start up’ sociales españolas aspira a formar parte de la hermandad mundial de emprendedores que crece alrededor de Unreasonable Institute, la institución creada por Daniel Epstein que busca innovadores irracionales pero muy eficaces y que sean rentables. 

Unreasonable Institute es el mayor imán de emprendedores sociales audaces en el mundo que se dedican a desarrollar proyectos escalables. Se trata de una iniciativa capitaneada por Daniel Epstein, emprendedor en serie que ha sido reconocido como “el mejor emprendedor del mundo”, según el World Entrepreneurship Forum, y “uno de los 30 emprendedores de mayor impacto del planeta” según Forbes.

Teamlabs es el socio español de Unreasonable Institute. Se trata de un campus de innovación y emprendimiento a mitad de camino entre la universidad, un máster en emprendimiento y la vida real de la empresa. En realidad, Teamlabs no es una sucursal ni una filial de Unreasonable Institute en España. Ambas son comunidades abiertas en las que confluyen los métodos de acompañamiento de las start up sociales para que éstas sean rentables y escalables.

Ahora Unreasonable Institute y Teamlabs anuncian los siete proyectos españoles de impacto social y medioambiental seleccionados para formar parte de la generación 2017 de start up “irrazonables” que pretenden resolver los grandes problemas del mundo (pobreza, alfabetización, salud) y que deben impactar de forma positiva en al menos un millón de personas.

El año pasado, las start up candidatas fueron Sheedo, un papel de semillas, ecológico, y hecho artesanalmente con fibras de algodón orgánico; The Third Half, un touroperador especializado en la organización de viajes educativos con elementos de voluntariado a través del deporte a nivel internacional; Sequential Biotech, dedicada a encontrar modelos sostenibles que ayudan a solucionar la desigualdad en el ámbito de la salud; Xmigration, un buscador global que pone en contacto a viajeros y empresas facilitando la movilidad internacional; Voluntechies, un proyecto para ayudar a los niños en los hospitales a través de talleres con nuevas tecnologías como realidad virtual y los drones; Sensovida, que busca ayudar a personas mayores que viven solas para que estén más seguras; Ilusión +, que recauda fondos para diferentes proyectos relacionados con las enfermedades neurodegenerativas; Literates, una app para alfabetizar y mejorar las habilidades lectoras; y Outbarries, otra app que alerta a las personas ciegas sobre los problemas que hay en la calle y acerca de los comercios mediante mensajes de voz.

En 2017, otras siete start up españolas aspiran a entrar en la hermandad de los emprendedores irracionales: Looc, Showleap, Deriva360, Hemper, Degou, Yayadvisor e Impact Link.

Las siete start up candidatas participarán en Investment Preparedness Lab, un programa de entrenamiento intensivo de cinco días que Teamlabs, en colaboración con Unreasonable Institute, celebrará la próxima semana, y que preparará a las nuevas compañías para buscar alianzas estratégicas e inversión que les permita salir al mercado y crecer.

También podrán reunirse con inversores y mentores nacionales e internacionales.
La relación entre Unreasonable Institute y Teamlabs funciona a modo de laboratorios de aprendizaje para creadores de empresas en el mundo. Esta colaboración sirve para contrastar los métodos de actuación de estas start up sociales que persiguen la eficacia. Así, cada vez que se crea un laboratorio, se prueban las herramientas de acompañamiento de la escalabilidad de las start up sociales.

Acelerar proyectos ilógicos… pero rentables

En 2009, Daniel Epstein, Teju Ravilochan, Tyler Hartung y Vladimir Dubovsky crearon la que hoy se considera como la aceleradora de jóvenes emprendedores sociales más importante del mundo. Nacía así Unreasonable Institute que, desde sus comienzos, selecciona cada año a 50 finalistas que entran a formar parte de un ‘Mercado Ilógico’ en el que participan patrocinadores de todo el mundo. La idea es que cada candidato pruebe su potencia emprendedora consiguiendo beneficios, porque la efectividad de los proyectos es la principal característica de esta aceleradora. Esto no es muy habitual en el campo del emprendimiento social, que habitualmente se confunde con la filantropía o las actividades de las ONG. Unreasonable Institute exige a sus socios tres requisitos para llegar a formar parte de la gran hermandad social del emprendimiento rentable: tener una idea aparentemente ilógica; que sea económicamente sostenible; y que sea aplicable a un público de al menos un millón de personas.

Epstein suele decir que la ejecución siempre va antes que la idea , y aquí se trata de que las ‘start up’ tengan un impacto social, pero han de ser sostenibles, porque si no, no son sociales. Que sean eficientes, y competitivas resulta tan importante como el impacto social que quieren provocar. Huye del modelo asistencial y busca sobre todo a emprendedores eficaces. No en vano, sus fundadores admiten que uno de sus principales errores históricos ha sido “seleccionar mal a los emprendedores por equivocarnos con los equipos”.


lunes, 17 de julio de 2017

Elmar Mock, cuando llamas a tu empresa 'Creaholic'...

(Un texto de Julio Miravalls en el suplemento económico de El Mundo del 25 de junio de 2017)

Elmar Mock, inventor del reloj Swatch que cambió al sector, tiene 178 patentes, desde maquinaria hasta alimentación, pasando por soldadura de huesos.

«Yo era muy joven, tenía 26 años, era ingeniero de plásticos y mi sueño era hacer el mejor cronómetro posible, que se vendiera en todo el mundo y que, por supuesto, no fuera el más caro. Necesitaba convencer a mi jefe de que me hiciera ese regalo. ¿Cómo convences a tu jefe para que te dé medio millón sin una razón? Le propuse nueva tecnología, imaginando que seríamos capaces de hacer buenos relojes 'low cost'. Le interesó y me dio libertad para demostrarlo: No me pagues ahora nada por la máquina, le dije... y así nació el Swatch».

Elmar Mock estaba salvando a la industria relojera suiza. Era a comienzos de los años 80, los relojes digitales japoneses con tecnología de cuarzo inundaban los mercados y habían puesto contra las cuerdas a los clásicos relojeros suizos. Mock inventó un procedimiento de soldadura por ultrasonido que le permitió crear ese primer Swatch, con manillas, motor de cuarzo y un reducido número de piezas, 51 frente a las 91 de los relojes estándar. Las ensamblaba automáticamente en una caja de plástico, a la que soldaba el cristal acrílico, rebajando radicalmente los costes de fabricación, hasta en un 80%. La idea convenció a ETA, la empresa para la que trabajaba.

«Aquel primer Swatch no era como los de hoy. Estaba pensado para ser barato y de gran calidad. Entonces mi jefe Ernst Thomke dijo: 'no tiene sentido un reloj suizo barato, no es buena idea: tenemos que hacer un reloj de moda'. De moda, pero económico: por el precio de una corbata...», explica Mock a INNOVADORES en Venecia, durante la gala de inventores de la Oficina Europea de Patentes, recordando sus comienzos.

«El primer nombre del proyecto fue Vulgaris. Y luego, Popularis. Seis meses antes de llegar en el mercado descubrimos el nombre Swatch. Mi jefe hablaba con el de los almacenes Bloomingdale's sobre vender un reloj de moda y aquel le decía que habría que sacar una colección nueva cada seis meses. No entendíamos nada. Entonces nos dio el nombre, que es una contracción de Swiss Watch. En lenguaje americano un 'swatch' es un retal de tela de moda... Así surgió el nombre y creamos la marca».

El reloj apareció en EEUU a finales de 1982, antes que en Suiza (marzo de 1983). «Soñábamos con vender cinco millones en cinco años, y se han vendido 600 millones en 35 años», explica Mock, que un año después del lanzamiento recibió un bonus por su trabajo.

En 1986 abandonó la empresa y creó la suya propia, con un nombre que lo dice todo: Creaholic. «La creatividad no es un arte, es una forma de ser. Es estar convencido de que puedes hacer algo diferente y hallar la manera de conseguirlo. El dinero no es la motivación, el reconocimiento tampoco es la motivación. Lo es pensar ¿qué puedo hacer por mis amigos, por los demás, por la organización? El ser humano es lo que está en el centro de la motivación».

Para Mock, el reloj Swatch fue «la introducción en la profesión de inventor». Desde entonces ha creado «178 familias de patentes». Ha trabajado en relojería, alimentación, automóvil, maquinaría, depuración de agua, soluciones médicas, soldadura de huesos, madera, cemento... Ha desarrollado soluciones innovadoras de todo tipo para más de 200 clientes y de su empresa han nacido nueve 'spin offs' especializadas.

No se limitó a su especialidad profesional, plásticos y soldaduras. «La invención es como componer música: no se hace para un solo instrumento, aunque tengas alguno favorito. Para mí toda la tecnología es plástico, soldadura, metalurgia, electrónica... son como los instrumentos: juntos hacen música y el objetivo es el placer del usuario, de la gente, expresar algo que antes no habían podido imaginar. Sus sonrisas en la cara son el objetivo». Desde luego, no es el tipo de cosas que los innovadores dicen usualmente... «Es que no soy una persona usual», concluye Mock con una sonrisa y obsequiando una chocolatina suiza.

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